Las granjas hiperintensivas de langostino basadas en sistemas de recirculación (RAS) se han promocionado en los últimos años como una gran oportunidad para producir más cerca del mercado, reducir los riesgos sanitarios y aumentar el control sobre el proceso productivo.
Sin embargo, sus elevadas necesidades de capital —estimadas en 30 millones de dólares para una instalación de 1.000 toneladas anuales— y su complejidad operativa siguen planteando dudas sobre su viabilidad económica real.
Un estudio reciente publicado en Aquaculture aborda esta cuestión mediante un modelo bioeconómico aplicado a una granja representativa de langostino blanco (Litopenaeus vannamei) con una producción anual de 1.000 toneladas en un sistema RAS superintensivo.
El análisis incorpora de forma conjunta el riesgo productivo, el riesgo de mercado y la probabilidad de fallos del sistema, un aspecto que ha recibido escasa atención en evaluaciones previas de esta tecnología.
La rentabilidad es posible, pero solo bajo condiciones estrictas
En un escenario determinista, el modelo indica que una granja de estas características podría alcanzar costes de producción posteriores a la inversión de 7,21 dólares por kilo. Con este nivel de eficiencia, la explotación genera flujo de caja positivo y recupera la inversión en un plazo aproximado de 5,5 años. A largo plazo, y bajo precios medios históricos, el proyecto resulta económicamente viable.
Sin embargo, cuando se introduce la incertidumbre del mundo real, el escenario se vuelve considerablemente más complejo.
El resultado más llamativo del estudio es que la volatilidad del precio del langostino explica el 86,3 % de la variación de los beneficios, muy por encima de factores productivos como la tasa de supervivencia, el peso a cosecha o el índice de conversión del pienso. Es decir, incluso en un sistema altamente controlado, el mercado sigue siendo la principal fuente de riesgo económico.
Sin estrategias activas de gestión del riesgo de precios —como contratos a plazo o diferenciación del producto— la rentabilidad de las granjas hiperintensivas de langostino en RAS queda fuertemente expuesta a ciclos de mercado desfavorables. De forma interesante, el estudio señala que si los productores consiguen fijar su precio de venta (eliminando la volatilidad del mercado), el riesgo no desaparece, sino que se desplaza: la volatilidad del precio del pienso pasa entonces a ser un factor relevante, explicando el 28,8 % de la variación restante de los beneficios.
La prueba de realidad de 2023
El peligro de esta exposición al mercado queda especialmente claro en el denominado “escenario 2023” del estudio. Cuando el modelo se ejecuta utilizando los bajos precios de mercado observados en 2023 en lugar de promedios históricos, el beneficio proyectado por ciclo se desploma de 1,71 millones de dólares a solo 0,63 millones.
En estas condiciones de mercado deprimidas, la granja no lograría recuperar su inversión inicial, estimada en 30 millones de dólares, en un horizonte de diez años, a pesar de operar de forma eficiente. Por eso, los inversores tienen que tener claro que entrar en el mercado en el momento equivocado del ciclo de precios puede hacer irrecuperable el elevado CAPEX de los proyectos RAS a medio plazo.
El punto débil de la tecnología: el escenario “cara o cruz”
El segundo gran riesgo identificado no afecta tanto a la variabilidad de los beneficios como a su valor esperado: los fallos del sistema. Aunque los defensores de los RAS suelen destacar su bioseguridad, el riesgo mecánico y operativo es significativo.
El modelo incorpora un escenario en el que el 20,13 % de los ciclos productivos sufren un fallo que provoca la pérdida total de la cosecha.
El impacto financiero es severo: el beneficio medio por ciclo cae en torno a un tercio, pasando de 1,64 millones a 1,09 millones de dólares. Más crítico aún, la probabilidad de que el proyecto recupere la inversión inicial en diez años se reduce hasta solo el 57,59 %.
En la práctica, sin una fiabilidad extrema, el éxito financiero de una instalación tecnológica de 30 millones de dólares se convierte poco más que en una apuesta a cara o cruz.
El estudio concluye que las granjas hiperintensivas de langostino en RAS pueden ser rentables, pero su viabilidad financiera depende de una estrategia dual: una gestión sólida del precio para mitigar la volatilidad del mercado y una inversión decidida en tecnología fiable que reduzca los riesgos operativos.
En definitiva, la tecnología puede reducir los riesgos biológicos y ambientales, pero no elimina el riesgo económico. Para inversores y promotores que contemplan la producción de langostino en RAS, el mensaje es claro: la estrategia comercial y el momento de entrada en el mercado son tan importantes como el diseño del sistema.

