ADDITIVOS

¿Se puede reducir el estrés por alta densidad mediante suplementos en el pienso?

mano con pienso en gránulos con fondo peces

La evidencia científica respalda cada vez más el uso de suplementos funcionales en el pienso para sostener el rendimiento productivo de los peces cultivados en condiciones intensivas. Aunque estos aditivos no sustituyen unas buenas prácticas de manejo, sí pueden mitigar la respuesta fisiológica al estrés asociada a altas densidades de cultivo.

Una revisión publicada en Annals of Animal Science indica que especies como la carpa común, la tilapia, el rodaballo y el salmón atlántico presentan reducciones en los niveles de cortisol y glucosa en sangre —biomarcadores clave del estrés crónico— cuando se incorporan determinados suplementos a la dieta en condiciones de hacinamiento.

El hacinamiento prolongado altera el equilibrio endocrino e inmunitario. La elevación del cortisol redirige energía desde el crecimiento hacia la adaptación al estrés, lo que se traduce en menores tasas de crecimiento, reducción de la capacidad antioxidante y mayor susceptibilidad a enfermedades. Cuando se superan ciertos umbrales de densidad, también se ven afectadas la uniformidad de talla y la eficiencia productiva global.

Las implicaciones van más allá del plano biológico. El estrés crónico perjudica la conversión alimenticia, aumenta la variabilidad entre lotes y eleva los costes sanitarios, factores que pueden erosionar significativamente los márgenes en sistemas intensivos.

La revisión destaca resultados consistentes en varias categorías de aditivos funcionales. Los fitobióticos de origen vegetal, como el romero (Rosmarinus officinalis), la hoja de roble (Quercus castaneifolia), la ortiga (Urtica dioica), el ruibarbo (Rheum officinale), la cáscara de granada y la cáscara de limón, han demostrado reducir el cortisol y reforzar las defensas antioxidantes. Estos compuestos se asocian a una mejora del rendimiento inmunitario y a una menor incidencia de estrés oxidativo en especies como la carpa común y la trucha arcoíris.

Probióticos como Shewanella putrefaciens (cepa Pdp11), Lactobacillus acidophilus y otras bacterias lácticas han mostrado capacidad para modular la microbiota intestinal y fortalecer la respuesta inmunitaria en condiciones de alta densidad. También se han observado efectos sinérgicos cuando los probióticos se combinan con compuestos bioactivos como el resveratrol.

Además, inmunoestimulantes sintéticos y aditivos bioactivos —entre ellos el ácido gálico, los β-glucanos, extractos de levadura ricos en astaxantina (Xanthophyllomyces dendrorhous), la crisina y el nano-selenio combinado con extracto de ajo— han reducido marcadores de estrés oxidativo y favorecido una mayor estabilidad del crecimiento bajo condiciones de hacinamiento.

Los autores subrayan que estos suplementos no compensan densidades excesivas ni corrigen deficiencias en la calidad del agua. Su función es actuar como amortiguadores fisiológicos cuando la intensificación es inevitable.

Para los productores, el mensaje es práctico: el pienso funcional puede ayudar a proteger los márgenes en sistemas intensivos. A medida que disminuye el uso de antibióticos y se endurecen las exigencias en bienestar animal, la formulación del pienso se convierte en una herramienta estratégica de gestión. La prioridad ya no es demostrar su eficacia, sino optimizar su aplicación en función de la especie, la dosis y el retorno de la inversión dentro de cada modelo productivo.

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