Sustituir harina de pescado por ingredientes alternativos como la harina de mejillón podría no ser ambientalmente más sostenible. Al menos así lo pone de manifiesto un estudio realizado por investigadores de la UiT – The Arctic University of Norway, el IIM-CSIC, el CCMAR y otras instituciones europeas, en el que han utilizado la Huella Medioambiental de Producto (PEF, por sus siglas en inglés) de la Unión Europea .
Aunque se trata de una premisa dada por hecho en el ámbito científico, lo cierto es que rara vez se ha cuestionado hasta el punto de analizar de forma sistemática el desplazamiento de impactos entre categorías ambientales.
El trabajo, publicado en Aquaculture, analiza la huella ambiental de la producción de juveniles de dorada (Sparus aurata) alimentados con dietas en las que la harina de pescado se sustituye parcial o totalmente por harina de mejillón procedente de subproductos de la acuicultura.
Los resultados muestran que esta sustitución no solo no reduce el impacto ambiental, sino que lo incrementa en varias categorías clave. En términos de cambio climático, reemplazar el 50% de la harina de pescado aumenta la huella en torno a un 6%, mientras que una sustitución total eleva este incremento hasta aproximadamente el 12% .
Más allá del CO₂, los mayores aumentos se registran en categorías como uso de recursos minerales y metales, toxicidad humana y uso del agua, lo que apunta a un fenómeno de desplazamiento de cargas ambientales (burden shifting): reducir el impacto en un indicador puede trasladarlo a otros menos visibles pero igualmente relevantes.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que el principal punto crítico ambiental (hotspot) no es el ingrediente en sí, sino el consumo energético durante la fase de cría en sistemas de flujo continuo. La electricidad —especialmente asociada al bombeo de agua— puede representar hasta el 80% del impacto total en varias categorías .
Este resultado reabre el debate sobre el peso real de las fases tempranas del cultivo en la huella ambiental total. Tradicionalmente, la atención se ha centrado en el engorde, pero este trabajo demuestra que la fase de juveniles puede tener un impacto proporcionalmente mayor debido a su elevada intensidad energética.
En términos productivos, el uso de harina de mejillón no mostró diferencias relevantes en crecimiento, conversión alimenticia o supervivencia respecto a dietas convencionales, lo que refuerza su viabilidad técnica, pero no necesariamente su ventaja ambiental.
El estudio también subraya una limitación estructural de este tipo de ingredientes: la gran cantidad de biomasa necesaria para producir harina de mejillón. Debido a su alto contenido en agua y concha, se requieren aproximadamente 20 kg de mejillón para obtener poco más de 1 kg de harina , lo que condiciona su eficiencia ambiental.
Aun así, los autores destacan el valor estratégico de estos subproductos dentro de una lógica de economía circular, al permitir valorizar biomasa actualmente descartada. Sin embargo, advierten que este enfoque no debe confundirse con una reducción automática de la huella ambiental.
En conjunto, los resultados sugieren que la sostenibilidad en acuicultura no puede evaluarse únicamente en función del origen de los ingredientes. Factores como la energía utilizada en producción, la eficiencia de los sistemas y la distribución de impactos entre categorías son determinantes.
Referencia:
Andreas Langdal, Edel O. Elvevoll, Luís T. Antelo, Xosé Antón Álvarez Salgado, Rita Colen, Sofia Engrola, Ida-Johanne Jensen. Product Environmental Footprint (PEF) of a case study on gilthead seabream (Sparus aurata) juveniles fed side-streams from farmed blue mussel. Aquaculture, 2026, 743965, ISSN 0044-8486

