PROYECTOS

Un estudio analiza a fondo los efectos del fouling en el desarrollo de la acuicultura de viveros flotantes

CTAQUA lidera el proyecto FOULACTIVE que ya ha concluido la primera fase de desarrollo en busca de respuestas que permitan mejorar las condiciones de cultivo en granjas flotantes

El Centro Tecnológico CTAQUA ha concluido la primera fase del proyecto FOULACTIVE, centrado en el desarrollo de un tratamiento sostenible y eficaz que evite las incrustaciones de algas y otros epibiontes en las redes los viveros flotantes, que se conoce como fouling. En esta etapa, el Centro Tecnológico ha trabajado en la identificación de las causas que originan este fouling, analizando los diferentes tipos de incrustaciones presentes en los viveros flotantes, su periodicidad y las superficies donde se desarrollan. Los resultados se han plasmado en el informe, “Influencia del biofouling en la industria acuícola (viveros flotantes)”.

El biofouling, como señala al respecto Sergio Aranda, técnico del proyecto en CTAQUA, es un proceso natural que ocurre en el medio marino sobre todas aquellas superficies sumergidas. En el momento en el que un material es sumergido, se cubre inmediatamente de una fina capa micromolecular e inerte, gracias a la cual es posible la colonización de bacterias y otros organismos unicelulares que darán paso al asentamiento de organismos macromoleculares como algas y moluscos. Estos organismos se fijan al sustrato, desarrollando un rápido crecimiento y un vasto potencial reproductor.

En estos primeros meses, el equipo de FOULACTIVE - liderado por CTAQUA con la colaboración de APROMAR y CETGA - ha trabajado en la identificación de las causas del biofouling mediante un análisis de la incidencia real registrada en viveros flotantes en base a la bibliografía científica disponible, donde se han seleccionado los 100 artículos más relevantes atendiendo a criterios biológicos, productivos y medioambientales.

Paralelamente, y con el objetivo de contrastar esta información, señala Aranda, hemos entrevistado a 8 empresas acuícolas adheridas a APROMAR, que representan el 100% de las empresas productoras con instalaciones de viveros flotantes a nivel nacional. Estas empresas producen en su mayoría dorada, lubina y corvina. “Todas han facilitado información y aportado material visual que ha sido de gran ayuda para caracterizar el biofouling”.

En este informe, señalan desde CTAQUA, se refleja que el biofouling afecta de forma directa a la infraestructura, los equipamientos e incluso a los propios cultivos. Los principales efectos incluyen la reducción del flujo de agua en las jaulas, lo cual implica una disminución de los niveles de oxígeno y limitación en la disponibilidad alimento; un incremento del peso en las redes, que conlleva al hundimiento de las mismas; y el aumento del riesgo de patologías.

El tipo de biofouling, y por tanto la problemática asociada, depende no solo del material o equipamiento en el que se establece, sino que también varía en función la ubicación de las jaulas, la época del año y el tiempo de inmersión de las redes. En este sentido, se ha observado que los grupos de organismos más comunes que forman el fouling son los mejillones, los percebes, las ascidias y los hidrozoos, siendo los primeros los que mayor daño causan a las estructuras al tratarse de organismos calcáreos.

Finalizada esta primera fase del proyecto, quedan establecidas las bases para la siguiente actividad, que estará dedicada al estudio exhaustivo de productos existentes tanto a nivel comercial como en desarrollo, y la determinación de los más respetuosos con el medioambiente. En base a estos resultados, evaluaremos los tratamientos en base a criterios biológicos, productivos y medioambientales”, señala Aranda.

Los tratamientos han sido seleccionados en base a consultas realizadas a las empresas acuícolas y en función de sus necesidades. El estudio consistirá en un ensayo en un entorno real, en el que se comparará la influencia de cada tratamiento en el proceso de incrustación del biofouling. Además de los tratamientos comerciales, se probará la eficacia de un nuevo tratamiento desarrollado en el marco del proyecto, con el objetivo de ofrecer un producto alternativo eficaz contra la formación de biofouling y respetuoso con el entorno.

“Comenzaremos esta prueba a mediados de mayo y se llevará a cabo durante todo el verano, momento en el que el crecimiento del biofouling se ve favorecido por la subida de temperatura del agua. A lo largo de este periodo realizaremos muestreos intermedios, en los que esperamos observar la evolución de biofouling, comparando una red control sin tratamiento con las redes que contienen los tratamientos seleccionados. Una vez finalizado el experimento y en función de los resultados, se realizará un análisis de todos los tratamientos y se caracterizarán en función de las necesidades de las granjas marinas”, concluye.

Este proyecto se desarrolla con la colaboración de la Fundación Biodiversidad, del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, a través del Programa Pleamar, cofinanciado por el FEMP.