El estrés fisiológico crónico asociado a las altas densidades de cultivo, y no el comportamiento social agresivo, aparece como el principal factor que limita el crecimiento de los peces en sistemas acuícolas intensivos. Esta es la principal conclusión de un metaanálisis a gran escala que analiza la relación entre densidad, bienestar y rendimiento productivo en peces.
El estudio integra 2.507 observaciones procedentes de 214 trabajos científicos y 108 especies, lo que permite extraer conclusiones robustas a nivel global. Según sus resultados, en comparación con densidades bajas, las densidades elevadas provocan una reducción media del 9,4 % en la tasa de crecimiento específico (SGR), una disminución del 13,6 % en la ingesta diaria de alimento (DFI) y un aumento del 8,8 % en el índice de conversión (FCR), confirmando que la intensificación conlleva un coste productivo medible.
Sin embargo, el análisis introduce un matiz clave: la frecuencia de comportamientos agresivos disminuye significativamente (-38,6 %) a altas densidades. Lejos de indicar un mayor bienestar, los investigadores explican que este fenómeno se debe a que el hacinamiento fuerza la formación de cardúmenes y suprime la territorialidad, impidiendo físicamente el establecimiento de jerarquías dominantes y los ataques dirigidos. En cambio, el estudio vincula el deterioro productivo a un aumento de los niveles de cortisol (+11,3 %) y a un empeoramiento de la función digestiva (-15,5 %), factores directamente relacionados con la reducción del apetito y la menor eficiencia alimentaria.
El trabajo también identifica diferencias críticas entre especies. Los peces carnívoros muestran una mayor tolerancia a altas densidades, con menores penalizaciones en crecimiento y una respuesta al estrés más moderada. Por el contrario, los peces omnívoros presentan mayores incrementos de cortisol, peor ingesta y una mayor heterogeneidad de tamaños.
El dato más alarmante en este grupo es el disparo de la tasa de canibalismo, que aumenta masivamente un 469,5 %, evidenciando una competencia letal por los recursos que no se observa en sus parientes carnívoros bajo las mismas condiciones.
Desde un punto de vista productivo, el estudio concluye que la intensificación requiere medidas específicas más allá del manejo general. Los resultados destacan la eficacia de los sistemas de cultivo bajo techo (en RAS), que logran mantener la tasa de supervivencia estable (+1,1 %) gracias a un mayor control ambiental, frente a la caída significativa de la supervivencia (-6,3 %) observada en los sistemas al aire libre. Asimismo, se recomienda un ajuste preciso de la alimentación para evitar el deterioro de la calidad del agua y estrategias nutricionales orientadas a reducir la carga metabólica asociada al estrés crónico.

