OPINIÓN

¿Aceptamos pulpo como animal de compañía?

Sabemos que el pulpo es un eficiente convertidor de alimento en proteína, con una capacidad excepcional para crecer. Debemos aprovechar este potencial para producir alimentos azules.

Dependiendo del año de nacimiento - los más jóvenes quizá no lo recuerden - hemos usado alguna vez la expresión “aceptamos pulpo como animal de compañía”, admitiendo irónicamente un argumento como válido aún no estando de acuerdo.

Un éxito de la publicidad de los noventa del siglo pasado que sirvió para popularizar el famoso juego de mesa "Scattegories: el rápido y divertido juego de categorías”. (ver vídeo de abajo)

El caso es que en el spot, el dueño del Scattergories se molestaba con sus amigos por no aceptar pulpo "como animal de compañía" y, en consecuencia, se marchaba a su casa. Los amigos, para poder seguir jugando, lo aceptaban resignados.

Nadie podía imaginar - ni siquiera los Simpsons - que 30 años después, habría gente que atribuiría la cualidad de animal doméstico al pulpo. Para la mayoría siempre ha sido un sabroso y nutritivo alimento y joya de la gastronomía gallega. Sin embargo, hay quien lo considera un animal con una inteligencia admirable porque es capaz de resolver acertijos complejos e incluso jugar a trucos "solo por diversión".

Bromas aparte y con el ánimo de quitar tensión al asunto, lo cierto es que el pulpo es, a día de hoy, una especie comercial que se enfrenta a un problema de sobreexplotación. Por eso, la Conselleria del Mar en Galicia como medida para que su población no llegue a mínimos insostenibles ha abierto una veda desde el 20 de mayo hasta el 4 de julio, periodo en el que la especie se reproduce y completa su ciclo vital.

Esta "parada biológica" busca contribuir a una explotación “más sostenible” y significa que “queda expresamente prohibida su captura, por medio de cualquier arte en aguas de Galicia”.

Lo que no evita es que siga siendo una especie dependiente de su disponibilidad silvestre y objeto del furtivismo; así como sometida a sobrepesca aquí y en otros países. La única solución sostenible llegará cuando el pulpo se pueda producir completamente a través de la acuicultura. Algo que según parece está cerca.

Aunque producir pulpo en acuicultura nos puede parecer a la mayoría lo más sensato, lo cierto es que la idea se está viendo salpicada por la polémica y está siendo perseguida por algunos movimientos ambientalista desde que se supo que se había desarrollado una tecnología para cultivarlo a escala comercial.

Nada se dice del engorde acuícola reclutando los juveniles del medio silvestre, una actividad que se viene realizando desde hace décadas y que es mucho menos sostenible que la cría de ciclo completo que ahora se propone. ¿Tampoco están en contra de su captura del medio silvestre? ¿Curioso, no?

Una campaña, todo sea dicho, plagada de incongruencias y que más que proponer alternativas a la necesidad de proteger la especie en su ecosistema genera cierto desconcierto entre propios y extraños.

Ni siquiera aporta soluciones a uno de los mayores problemas que se nos plantea como civilización: la alimentación de un planeta cada vez más poblado que se enfrenta al desafío del cambio climático.

Si no lo producimos localmente, necesitaremos satisfacer la alta demanda de pulpo con importaciones de países como Mauritania, entre otros; con el consiguiente impacto medio ambiental que eso implica. De hecho, no hace tanto, este país del África occidental del que se explotan entre 5 000 y 6 000 toneladas cada año admitió sobre la posibilidad de que la pesca de esta especie desaparezca por sobreexplotación. 

Los ODS de las Naciones Unidas están alineados con la acuicultura y con la necesidad de producir alimentos acuáticos

Todo este asunto necesita una reflexión profunda y un análisis exhaustivo despojado de ideología. Dos cuestiones que no coinciden con el activismo en cualquiera de sus extremos: que lo que buscan son una causa y un buen lema.

Sabemos que el pulpo es un eficiente convertidor de alimento en proteína, con una capacidad excepcional para crecer. Una alimentación basada solo en los recursos terrestres no será suficiente para los próximos años, tampoco apoyándose en la pesca extractiva. Debemos aprovechar este potencial del pulpo para producir alimentos azules. 

De manera más incomprensible con los ambientalistas también se han alineado una parte de la academia quienes, de manera sesgada y ciertamente absurda, exponen al pulpo como un animal con un sistema nervioso complejo, similar al de los vertebrados, al que atribuyen capacidades cognitivas de dudosa evidencia científica.

También curiosamente mucha de estas críticas proceden de países del norte de Europa donde el pulpo no está considerado una delicatesen y parte de la cultura gastronómica, como sí ocurre en nuestro entorno Mediterráneo.

El resto de preocupaciones de los detractores no se enfocan en problemas específicos de la especie, si no más bien en mitos hacia la acuicultura en general. Cuestiones, por otra parte, como la transmisión de patologías y su tratamiento con terapias químicas, o relacionadas con hipotéticos escapes, que se consideran superadas con las nuevas tecnologías de producción como los sistemas de recirculación en acuicultura, y la estricta normativa al respecto que garantizan la total seguridad del proceso de crianza.

El pulpo, como la mayor parte de los animales complejos puede tener un alto grado de desarrollo cognitivo, pero ni por asomo es como el de la vaca, el cerdo o el cordero, por lo que, desde el punto de vista ético, si tomáramos la supuesta inteligencia del pulpo como un impedimento, no se podría hacer ningún tipo de ganadería. Por tanto, estamos ante un problema ideológico extremo, como el ecologismo, el ambientalismo, o cualquier movimiento político: capitalismo vs comunismo.

Por el momento, dejar de consumir proteína animal no forma parte del desafío al que nos enfrentamos como civilización. Tenemos otras prioridades que solucionar y que son mucho más importantes, como el acceso a energía limpia o agua potable; por no decir de la necesidad de erradicar la pobreza, la desnutrición y la malnutrición en el mundo, objetivos de desarrollo sostenible reales.

Lo del pulpo como animal de compañía es un problema del primer mundo y su ombliguismo infantiloide.