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El futuro de la mitigación del Cambio Climático también pasa por la acuicultura y los sumideros de Carbono Azul

Los océanos son el termostato de la Tierra, gracias a ellos se absorbe el 90 por ciento del calor extra que la actividad humana emite a la atmósfera y una gran parte del dióxido de carbono (CO2) que emitimos

Artículo de divulgación de Alejandro Güelfo Fuentes

 @aguelfo
Editor de misPeces

Los océanos son el termostato de la Tierra, gracias a ellos se absorbe el 90 por ciento del calor extra que la actividad humana emite a la atmósfera y una gran parte del dióxido de carbono (CO2) que emitimos.

En estas dos primeras décadas del siglo XXI hemos estado liberando a la atmósfera 228 sextrillones de julios de calor, que dicho así puede parecer una cifra sin más, pero que son equivalentes a que en los últimos 25 años hubiésemos estado explotando 3.600 millones de bombas atómicas como la de Hiroshima en la Segunda Guerra Mundial. Y como todo tiene un precio, y para todo llega la hora, parece que la factura ya la estamos empezando a pagar a través de episodios meteorológicos cada vez más extremos, subidas del nivel del mar, sequías e inundaciones, entre otras causas.

Otras consecuencias en los océanos son menos apreciables, pero no por eso menos importantes, como la menor productividad del fitoplancton, el zooplancton o el desplazamiento de las pesquerías a zonas más profundas y frías, y la pérdida de diversidad.

Ante este panorama, y de seguir sin actuar sobre los efectos del Cambio Climático en los océanos, la producción primaria global disminuirá un 6% anual hasta 2100, y un 11% en las zonas tropicales. En un horizonte más próximo como el de 2050, el potencial mundial pesquero podrá reducirse, al menos, un 10%, dependiendo de cómo evolucionen las emisiones de gases efecto invernadero.

Por eso desde distintos colectivos se está movilizando a la sociedad para actuar a través de la generación soluciones de mitigación, y en el peor de los casos, de adaptación.

Estamos en tiempo de descuento y la acuicultura puede ser en este caso una doble herramienta para el ser humano: de mitigación haciendo de la capacidad de las microalgas y algas a través de la fotosíntesis como sumideros de CO2, al igual que los moluscos bivalvos; y, de paso, de independencia nutricional y seguridad alimentaria al utilizarlos como alimentos.

Hace falta generar un conocimiento mas profundo sobre el carbono azul

Si bien tenemos datos que sirven para aportar soluciones a través de los sumideros de carbono agrícola y silvícola, en el caso del carbono azul, la falta de debate y conocimiento hasta ahora no ha llegado a ahondar en los gestores de políticas climáticas. Un ejemplo muy claro lo tenemos en el proyecto de Ley de Cambio Climático que prepara el Gobierno de España y en el que se ha destinado un artículo en la norma a los sumideros de carbono terrestre, sin una mínima alusión a la capacidad de los océanos para aportar soluciones a través del carbono azul. Como consecuencia, tendremos una ley coja en este sentido.

La acuicultura forma parte de la solución, no es el problema

Además, algo estamos haciendo mal como sector cuando la acuicultura se ve como parte del problema y no de la solución. La Iniciativa Carbono Azul de la Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza relaciona la actividad acuícola con degradación de los ecosistemas costeros tropicales de manglar para la producción de langostinos.

Pero, de nuevo, esta es una visión miope de cómo funciona la acuicultura. El papel de los sumideros de CO2 marinos no puede quedar reducido al estudio del ciclo del carbono de plantas fanerógamas marinas que pueblan los manglares tropicales, y pasar por alto el papel de las microalgas, cianobacterias y macroalgas en este contexto en el conjunto de la costa y los océanos.

La acuicultura es mucho más que eso. Tiene el poder de ofrecernos biomasa de microalgas, algas y conchas de moluscos de manera controlada, lo que permite un mejor aprovechamiento a través de su producción, procesado y utilización, con un efecto multiplicador mucho más importante que los ecosistemas marinos naturales. Con esto no se están justificando algunas prácticas insostenibles, simplemente lo que se busca es un cambio de visión de las posibilidades que ofrece la acuicultura como solución. Ya no son suficientes las actitudes conservacionistas, son necesarias medidas de mitigación claras y cuantificadas, y estas pueden venir perfectamente de los océanos cultivados.

Pero para que la acuicultura pueda contribuir a secuestrar carbono azul es necesario el apoyo a través de un marco normativo adecuado, mayor inversión en investigación aplicada sobre la gestión de los ecosistemas costeros mediante la ecologización de la acuicultura, y la mayor implicación de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. También será necesario un apoyo financiero específico. Este último aspecto puede regularse a través de pagos ecológicos.

También será importante una mayor concienciación de las comunidades costeras sobre el papel de la acuicultura para la captación de CO2 y almacenamiento para la mitigación del Cambio Climático.

Las posibilidades de la acuicultura como sumideros de carbono

Un estudio realizado en el Laboratorio Marino de Plymouth en Reino Unido con isótopos estables mostró cómo  las macroalgas en un metro cuadrado pueden atrapar 8,75 g de CO2 al año, lo que significa una mayor capacidad que un bosque y pone de manifiesto que un enfoque más holístico debe ser contemplado.

Las algas son también refugio de especies en fase de alevinaje, limpian los océanos de materia orgánica y pueden ser una nueva fuente de empleo en zonas rurales apartadas.

Otro grupo interesante de estudio es el de los moluscos bivalvos, que si bien directamente no son capaces de convertir CO2 en hidratos de carbono orgánicos, tienen la capacidad de filtrar el fitoplancton y fijar el carbono a través de su concha, mientras que su vianda sirve para alimentarnos.

Estos animales acuáticos, al igual que las algas, pueden servir de sustrato y refugio para el alevinaje de otras especies. A diferencia de las algas y microalgas, cuya biomasa si se queda en el océano y puede terminar degradándose y, por tanto, volviendo a revertir el CO2 al medio, las conchas de los moluscos pueden servir como depósito de carbono azul a largo plazo, e incluso tiene potencial para ser utilizado como biomaterial tanto como fertilizantes de agricultura,  suplemento para animales de granja, o para la fabricación de bioplásticos y materiales de construcción.

Como vemos, el concepto de Carbono Azul es multifacético, y por eso, tenemos que explorarlo en toda su dimensión de adaptación y mitigación al Cambio Climático. También tenemos que contemplar el papel positivo de la acuicultura de peces continentales y marinos y su menor huella de carbono en la producción animal.

Todos estos enfoques, sin embargo, deben abordarse desde un enfoque distinto del terrestre y requiere de mayor implicación de los tomadores de decisiones políticas.

Trabajemos entre todos para hacer más visible estas oportunidades que ofrece la acuicultura y cambiemos la visión de la misma para que forme parte de la solución y no del problema.