DIVULGACIÓN

Especies alimentadas de acuicultura. Rompiendo con los niveles tróficos clásicos

Un salmón o una lubina si nos atenemos a los ingredientes que ingieren no podrían clasificarse de carnívoros. Lo mismo que una tilapia o una carpa no serían peces herbívoros

Artículo de divulgación de Alejandro Güelfo Fuentes

Msc. Periodismo y Comunicación Científica | Editor de misPeces
 @aguelfo

¿Podemos decir a día de hoy que una lubina de acuicultura es carnívora?, ¿o un salmón? La clasificación de las especies animales en niveles tróficos corresponde con los hábitos que estas tienen en la naturaleza, pero no con lo que ocurre realmente en la piscicultura moderna. Comparar una especie piscícola actual con su similar silvestre pierde todo el sentido hoy en día, ya que, tanto la evidencia científica, como el conocimiento empírico muestran que eso no es así.

Decir que una lubina de acuicultura es una especie carnívora es no saber reconocer de donde proceden los ingredientes que se usan para la elaboración del pienso. Los avances en la fabricación del alimento de los peces de acuicultura han puesto patas arriba la clasificación trófica de las especies y la distinción taxonómica.

Aunque la harina y el aceite de pescado siguen estando muy presentes en la fabricación de los piensos de las principales especies alimentadas de acuicultura, ya no se utilizan en las proporciones de los inicios de la acuicultura moderna, allá por la década de los ochentas y noventas del siglo pasado. Ahora, tienen una función más estratégica y han cedido el paso a las proteínas de origen vegetal, como la soja, que se constituye en el principal ingrediente de los piensos de especies como el salmón, la dorada o la lubina. Estos alimentos incluyen otros ingredientes, como la canola, el maíz, el trigo.

Los productores acuícolas y los fabricantes de alimentos ayudados por los avances tecnocientíficos aplicados en la última década han conseguido estabilizar los precios del pescado, y permitido el acceso de la ciudadanía a proteína de calidad nutricional de los organismos acuáticos altamente sostenibles.

El salmón Atlántico, que es la especie piscícola más estudiada de las alimentadas, por ejemplo, ha visto reducir la inclusión de proteína de pescado del 65% en la década de los noventa, a menos de 15% actual. Es más, en los próximos años, con la introducción de proteína de microbios y de insectos, esta proporción podrá ser incluso mayor reduciendo el porcentaje a 0% en algunas etapas del proceso de crianza. ¿Deberían volver a ser considerados carnívoros entonces?

Por el contrario, especies herbívoras como la carpa o la tilapia, han visto como en sus dietas se han ido introduciendo pequeñas proporciones de harina y aceite de pescado, buscando mejorar sustancialmente las tasas de crecimiento y condición corporal.

Todas estas sustituciones se hacen posible gracias a la ciencia, que ha permitido conocer con profundidad los requerimientos nutricionales y a la tecnología de procesado de los ingredientes para mejorar su digestibilidad y biodisponibilidad.

En un contexto donde los peces herbívoros se alimentan de proteína animal y los carnívoros de vegetal, es decir, donde la evidencia científica los convierte en omnívoros, ¿no es tiempo de romper con las etiquetas tróficas que le ponemos al pescado de crianza?

Seguir asociando al salmón, la dorada o la lubina dentro de la cadena trófica como un carnívoro es, además de un error conceptual, ponerle la etiqueta de “insostenible”. Lo cual solo se sostiene en un contexto de histórico o de especies silvestres.

La pregunta que nos debemos hacer es si el salmón de acuicultura merece ser incluido en el nivel trófico de los carnívoros estrictos o encaja mejor como un omnívoro. O más aún, a niveles de un herbívoro como la tilapia que, por otra parte, ya no es un consumidor primario.

Por otra parte, hablar de niveles tróficos en acuicultura ¿no es un poco cosa del pasado? Lo que verdaderamente nos tiene que importar es ¿qué tan sostenible es una especie de cultivo y cuál es su valor nutricional? Por ejemplo, en Omega-3. De ser así, el salmón, la lubina, o la dorada ganan por goleada a otras especies herbívoras como la carpa o la tilapia.

Con la clasificación antigua de niveles tróficos, hacemos ver también como si se estuviera forzando la naturaleza de las especies a convertirse en algo que no son. Lo cual es, nuevamente, desde la evidencia científica, un error. Los múltiples datos a disposición de cualquiera de nosotros con cierto interés en profundizar en materia dicen que es posible mejorar la digestibilidad y disponibilidad de nutrientes para las especies acuícolas gracias a una combinación de tecnologías de alimentación, programas de cría selectiva y buenas prácticas en el manejo de las granjas. Lo mismo que se viene haciendo desde hace miles de años con las verduras y carnes terrestres que consumimos y que nos ha permitido avanzar como civilización.

El nivel trófico de un pez de acuicultura no puede venir determinado de su comportamiento alimentario en forma silvestre. Debe estar regido por los ingredientes con los que se elaboró el alimento. Y más importante aún, hay que tener en cuenta la calidad nutricional que ese pescado aporta en términos de proteínas, lípidos, vitaminas y minerales.