NORMATIVA

La futura ley climática europea, una oportunidad del carbono azul de reivindicar su papel

Algas, microalgas y moluscos bivalvos son los grandes olvidados de la ley por la falta de evidencia científica como sumideros de carbono azul

Artículo de divulgación de Alejandro Güelfo Fuentes

Msc. Periodismo y Comunicación Científica | Editor de misPeces
 @aguelfo

La Unión Europea ha conseguido sacar adelante la propuesta de ley climática para blindar sus metas y objetivos de recortes de emisiones de gases efecto invernadero y alcanzar en 2050 la neutralidad climática. El acuerdo tendrá ahora que ser aprobado por el pleno de la Eurocámara y el Consejo aunque llega a tiempo para la cumbre mundial sobre el clima.

La prioridad es reducir, al menos, las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera un 55% para 2030 respecto a los niveles de 1990. También deja la puerta abierta a compensar determinadas actividades que generan estos gases a través de los sumideros de carbono. El límite de emisiones está calculado en 225 millones de toneladas de CO2, el equivalente a la contribución de las absorciones al objetivo neto. Los cálculos de los sumideros de CO2 se hacen principalmente en base a la capacidad de absorción de los bosques, por ser los que más demostrado tienen su papel.

El acuerdo político también incluye la creación de un consejo consultivo científico europeo sobre cambio climático, compuesto por 15 expertos de diferentes nacionalidades y con un mandato de cuatro años, aunque no podrá haber más de dos miembros con la misma nacionalidad. Esta junta independiente se encargará, entre otras cuestiones, de proporcionar asesoramiento científico e informar sobre las medidas de la UE, objetivos climáticos, presupuestos indicativos sobre gases de efecto invernadero y su coherencia con la legislación climática europea y los compromisos internacionales que emanan del Acuerdo de París.

¿Qué es el carbono azul y cuál es su papel? Algas, microalgas y moluscos bivalvos, los grandes olvidados de la ley

El presidente de la Eurocámara, David Sassoli ha indicado que se trata “de un buen acuerdo basado en la ciencia que marcará la diferencia para el clima”. La base ciencia, o mejor dicho la falta de ésta, es lo que probáblemente hace que no se esté planteando promover más sumideros en los sectores de la Economía Azul.

El término carbono azul se acuñó por primera vez hace una década para describir la contribución de la vegetación de los ecosistemas costeros como los sistemas de manglar o marismas. En ese momento las miradas no se dirigieron la contribución de las algas o microalgas en los océanos, ya que se estimaba que la capacidad de enterramiento de carbono era nula. Estudios posteriores, no obstante, atribuyen una tasa global de enterramiento de carbono de 14 Tg C en la plataforma continental y de 153 Tg C en las profundidades del océano.

El CO2 es fijado por las microalgas y asimilado por el plancton, los corales y los peces y, posteriormente, transformados en rocas sedimentarias y biogénicas. Por eso, otros estudios consideran que los océanos son los principales sumideros naturales de CO2 al absorber el 50% de las emisiones a la atmósfera.

Para que la bioeconomía azul y la acuicultura tengan un papel más significativo será necesario que los científicos establezcan cómo pueden contribuir a reducir los volúmenes de CO2 emitidos a la atmósfera y de esta manera dejen de ser los grandes olvidados de esta ley.

Con datos más precisos se podrán desarrollar políticas adecuadas, acciones de gestión y una manera para demostrar los beneficios de estos sumideros y aplicar un sistema de pagos por su papel.

Aunque en el caso de las algas y las microalgas puede ser más fácil demostrar su contribución, en el caso de los moluscos bivalvos, a falta de evidencia científica clara, es más fácil caer en la controversia.

Como en otras situaciones, la acuicultura es una importante respuesta a esta necesidad de reducir la cantidad de CO2 de la atmósfera a través de granjas de algas y moluscos bivalvos se puede secuestrar una gran cantidad de carbono azul para, posteriormente, sacarlo del sistema y fijarlo en forma de rocas biogénicas. Por su parte, el carbono cálcico de la concha de los moluscos puede tener una amplia diversidad de usos industriales.

Una oportunidad para el Cultivo Multitrófico Integrado de Acuicultura

El pacto, según señalan desde la Comisión, colaborará con los sectores de la economía que acepten preparar hojas de ruta voluntarias para lograr el objetivo de neutralidad climática de la Unión Europea de 2050. Bruselas supervisará estas hojas de ruta, facilitará el diálogo intraeuropeo y compartirá las mejores prácticas.

En los últimos años está ganando fuerza la idea de ecologizar la acuicultura a través de nuevos e innovadores enfoques ecosistémicos de producción de alimentos a distintos niveles tróficos. Además de aumentar la capacidad para producir alimentos, también podrán contribuir a secuestrar carbono por unidad de peces producidos.

Estas granjas también sirven para crear zonas libres de pesca de arrastre y mejorar los fondos y la restauración de praderas de fanerógamas marinas.

Por el momento, los sistemas multitróficos integrados están en una fase muy inmadura y casi todo lo que se sabe de ellos está planteado en una escala muy experimental. En los proyectos, será importante analizar también los beneficios sustanciales de estos sistemas en el secuestro de carbono azul y, eventualmente, como contribuyen a reducir la emisión de gases efecto invernadero.