REPORTAJE

Oportunidades y desafíos del cultivo de algas en Latinoamérica en materia de bioseguridad

Chile 18/12/2023 | Un estudio analiza las políticas de bioseguridad en Chile, México, Brasil, Perú y Colombia

Alguera en Chile

A pesar del potencial crecimiento de la acuicultura de algas en Latinoamérica, la región carece de adecuadas políticas de bioseguridad que garanticen la sostenibilidad de esta industria.

Así se desprende del estudio “Línea de base de bioseguridad para el desarrollo sostenible de la acuicultura en Latinoamérica” publicado recientemente en Marine Policy.

Este estudio analiza los riesgos inherentes al cultivo de algas en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Según señalan los autores, el cultivo de algas marinas en América Latina tiene un “enorme potencial” para contribuir a la producción global de algas marinas a medio y largo plazo. Sin embargo, es un sector que no está exento de riesgos, como enfermedades y plagas, que en su mayoría “no han sido estudiadas”, y que requieren de medidas de bioseguridad y trazabilidad.

Según explica Pedro Murúa, académico del Instituto de Acuicultura de la Universidad Austral de Chile y uno de los autores del estudio, se ha generado una “primera línea base” con legislaciones que abordan los riesgos de bioseguridad de las algas en estos países latinoamericanos.

El estudio, añade Murúa que también es director de la maestría en Medio Ambiente y Bioseguridad en acuicultura de la Universidad Austral, propone “visualizar cuántas legislaciones existen en la actualidad” en los distintos países.

A nivel general los investigadores consideran que, en los países latinoamericanos analizados, las políticas tienden a centrarse en medidas de prevención, especialmente en problemas de bioseguridad ecológica, que se incluyen en su mayoría en legislaciones generales de acuicultura. Además, aspectos ecológicos crípticos asociados con el cultivo, como la introducción de hospedadores de enfermedades o la contaminación genética, a menudo se pasan por alto y, por lo tanto, se gestionan deficientemente.

Dentro de los países de Latinoamérica, Chile es el que tiene una legislación más específica y exclusiva para las algas marinas, “probablemente asociada a problemas crecientes con plagas y la introducción de especies exóticas”.

En Chile el alga con más potencial es Glacilaria chilensis

En Chile, señala el estudio, el único cultivo de alga comercialmente con miras a expansión de mercado es Glacilaria chilensis, que ha experimentado un “recurrente brote de plagas” en el Pacífico sureste desde finales de los ochenta.

Estas plagas, como señalan, incluyen una amplia variedad de epífitos de algas rojas y verdes, así como mesodepredadores, muchos de los cuales carecen de una “indentificación taxonómica precisa, lo que dificulta su detección y control”.

A pesar de estos desafíos, Chile está intensificando sus esfuerzos para desarrollar la acuicultura de algas marinas como una alternativa viable. Sin embargo, las políticas actuales apenas abordan los riesgos de bioseguridad asociados con el cultivo de algas marinas, como la selección de semillas y la gestión de poblaciones. Esto pone en peligro la sostenibilidad de la industria y la seguridad alimentaria.

Para que la acuicultura de algas marinas sea exitosa en Chile, se necesitan políticas más avanzadas en monitoreo de enfermedades, mitigación del cambio global y manejo de cepas. Esto ayudará a expandir y diversificar la acuicultura de algas marinas con menos riesgos de bioseguridad involucrados.

Una especie nativa y otra introducida son las primeras algas marinas cultivadas en Brasil

Granjera de Indonesia con algas

El cultivo de algas marinas en Brasil, señala el estudio, es relativamente nuevo en comparación con otros países de Latinoamérica. Este país cuenta con descentralización administrativa, por lo que existen regulaciones específicas a nivel federal y estatal, de acuerdo a la realidad de cada región.

Actualmente dos son las especies que se cultivan. La nativa Gelidium birdiae es una especie de alga marina roja que pertenece al género Gelidium, cultivada comercialmente en la región noroeste, y una especie introducida, Kappaphycus alvarezii, comúnmente conocida como "espagueti de mar", es una especie de alga marina tropical que se utiliza en la industria de la acuicultura de algas, en las regiones sureste y sur, que ya se están trabajando comercialmente.

La introducción de esta última dio lugar a su regulación nacional, sujeta a cuarentena obligatoria y procedimientos ambientales, así como a la certificación de plántulas para nuevas introducciones. Según esta legislación, los productores del “espagueti de mar” deben registrarse en la Secretaría de Acuicultura y Pesca del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento, y la entrega de informes anuales de producción es obligatoria.

Para el éxito del desarrollo del cultivo de algas en Brasil será importante, como señalan los autores del estudio, que se destinen recursos humanos y se cuente con instituciones sólidas para que el esfuerzo conjunto entre instituciones de investigación, agencias de extensión, empresarios y productores, den frutos.

México debe implementar medidas de precaución y bioseguridad

El cultivo de algas en México, a pesar de ser una actividad reciente que se lleva a cabo principalmente en el noroeste templado del país, utilizando especies nativas de Ulva, y principalmente en instalaciones en tierra, después de experimentos intensivos para obtener una “producción confiable de biomasa a escala comercial”. Además, explican, la empresa “Algamar” ha instalado recientemente cultivos de Macrocystis pyrifera, comúnmente conocida como "kelp gigante del Pacífico", en Baja California con fines comerciales.

En el Golfo de México tropical, a pesar de que no tiene una producción comercial, existe un interés en el desarrollo de “espagueti de mar”, “debido a las condiciones ambientales favorables en la región de Yucatán”.

Para especies no nativas, se ha propuesto un plan de precaución que establece un protocolo de cuarentena siguiendo el Código de Conducta para la Pesca Responsable y las Directrices Técnicas de la FAO para la Pesca Responsable.
En México, el crecimiento de la acuicultura de algas marinas se ve limitado principalmente por la falta de planes espaciales marinos adecuados y financiamiento apropiado. Sin embargo, se deben cumplir ciertas condiciones de mercado y producción para aprovechar su potencial como fuente sostenible de empleo y sustento. Por lo tanto, la implementación de medidas de precaución y bioseguridad para el desarrollo de algas marinas de manera responsable es muy oportuna y debe incluirse en los protocolos y legislaciones de este país.

Perú tiene una legislación adecuada, sin embargo, de bajo impacto en la producción

Alga roja Pelillo

La legislación peruana ha abordado de manera sólida los riesgos de bioseguridad en base a conceptos relacionados con la biodiversidad, toxicidad, perturbaciones físicas y servicios ecosistémicos. Esta legislación se basa principalmente en el trabajo del IMARPE (Instituto del Mar del Perú), una organización técnica especializada perteneciente a PRODUCE (Ministerio de Producción), orientada a la investigación científica, así como al estudio y conocimiento del mar peruano y sus recursos.

Sin embargo, el impacto real de esta legislación no está claro debido a la limitada actividad de acuicultura en Perú, que representa solo el 0.01% de la biomasa para América Latina.

En Perú, la mayoría de las algas marinas se recolectan de lechos naturales, lo que representa aproximadamente el 4% de la producción total de algas marinas en América Latina. Sin embargo, la acuicultura de algas comerciales en Perú ha enfrentado desafíos debido al fenómeno de "El Niño", que es común en la costa peruana y afecta negativamente la producción de algas cultivadas.
Para promover el desarrollo sostenible de la acuicultura de algas marinas en Perú, es crucial dejar de depender exclusivamente de la recolección de algas de lechos naturales y adoptar métodos adicionales que puedan mitigar los impactos de "El Niño" y otras fluctuaciones ambientales.

Colombia y Argentina destacan por su diversidad de especies

descarga-alga-parda-sargazo-chile

En el Caribe colombiano se han identificado cerca de 600 especies de algas, lo que representa el 45% de las especies en todo el Atlántico tropical y subtropical occidental. A pesar de más de 15 años de investigación sobre la distribución, productividad, química y posibles usos de las algas, Colombia no ha desarrollado la producción masiva a través de sistemas de cultivo.

A nivel general, Colombia cuenta con un marco normativo amplio para la gestión, administración y control de los recursos naturales renovables y el medio ambiente, pero carece de políticas específicas para la acuicultura de macroalgas, lo que se refleja en el escaso desarrollo de aspectos de bioseguridad relacionados con la acuicultura de algas.

Es necesario implementar medidas básicas en el país, como la lista de especies exóticas invasoras y la utilización de aguas marítimas o estuarinas, que son cruciales para los primeros pasos en la planificación de la agronomía marina.

Esto se debe en parte a la falta de acuicultura de algas en el país, lo que no la establece como una prioridad en las políticas y regulaciones. Sin embargo, también existen brechas relacionadas con la excesiva división regulatoria y administrativa en Colombia, que ha impedido la implementación de criterios consensuados para regular la conservación y el uso de los recursos hidrobiológicos, incluidas las algas marinas.

Las infracciones de bioseguridad, como la introducción de especies exóticas de algas, están pobremente documentadas, y su impacto potencial en los ecosistemas locales en Colombia es históricamente desconocido.
Una situación similar en términos de bioseguridad en la acuicultura de algas marinas ocurre en Argentina. La diversidad de algas de Argentina se distribuye desde la desembocadura del Río de la Plata (36.5° S) hasta el sur de Tierra del Fuego (55° S) e incluye más de 200 especies integradas en 140 géneros.

A pesar de la rica historia ficológica del país, la acuicultura de algas marinas no se ha desarrollado a escala comercial, y la mayoría de las legislaciones relacionadas con las algas básicamente regulan la explotación de las poblaciones naturales de unas 10 especies comerciales.

El marco legal actual se basa en estudios científicos desactualizados sin considerar el monitoreo de parámetros poblacionales y comunitarios.

En consecuencia, las regulaciones enmarcadas en la bioseguridad han sido abordadas de manera deficiente, careciendo de un marco normativo específico para la acuicultura de algas marinas. Esta falta de regulación sólida que controle los riesgos de bioseguridad puede ser uno de los principales obstáculos para el desarrollo sostenible de la acuicultura en Argentina, así como para el desarrollo económico y social de los sectores involucrados y las economías regionales.

Referencia:

Cynthia Mendez, Danilo E. Bustamante, Martha S. Calderon, Cecilia Gauna, Leila Hayashi, Daniel Robledo, Claudia Tapia-Larios, Iona Campbell, Renato Westermeier, Pedro Murúa. Biosecurity baseline for a sustainable development of seaweed aquaculture in Latin America, Marine Policy