DIVULGACIÓN

¿Producción en mar abierto o en tierra? La disyuntiva de los nuevos inversores de acuicultura

Artículo de divulgación de Alejandro Güelfo Fuentes

Msc. Periodismo y Comunicación Científica | Editor de misPeces
 @aguelfo

Europa es muy deficitaria en productos pesqueros locales, lo que nos obliga a importar casi el 70% de lo que consumimos. Producir peces y mariscos se convierte en una necesidad para la seguridad y soberanía alimentaria de los ciudadanos. Y también, para la sostenibilidad del planeta. No podemos aumentar la explotación de los recursos pesqueros y necesitamos abastecernos de proteína, vitaminas y minerales acuáticos.

Teniendo claro el papel que tendrá la acuicultura ante esta problemática, surgen preguntas. ¿Cuál debe ser el modelo productivo que se desarrolle en los próximos años, en mar abierto o en tierra? Esta es la pregunta del millón pues cada una tiene sus propias características, fortalezas y desafíos tecnológicos e, incluso, ideológicos.

Para ilustrar la disyuntiva a la que se pueden enfrentar los inversores en los próximos años, podemos tomar como ejemplo el caso del salmón Atlántico, la especie piscícola más producida en Europa y que cuenta con una proyección de crecimiento para los próximos años espectacular.

Esta especie, se ha convertido en el pollo del mar rico en Omega-3, la otra especie candidata a esta etiqueta es la tilapia, pero, sin los contenidos deseados de estos ácidos grasos. Además, el salmón es un manjar cada vez más accesible a las clases medias europeas. 

El engorde se realiza principalmente en granjas cerca de la costa que, debido a las restrictiva regulación, tienen cada vez más limitada su expansión con nuevas licencias para operar. Mientras esto ocurre, la demanda sigue en sus máximos.

La dificultad para obtener nuevas licencias para operar se vio perfectamente ilustrada hace unos días en una noticia de misPeces. En ella dábamos cuenta cómo Mowi, el mayor productor mundial de salmón, obtuvo una licencia en Irlanda después de casi una década de trámites.

Noruega, país con una producción de 1,2 millones de toneladas de salmón, tampoco está por la labor de seguir extendiendo nuevos enclaves para la producción convencional.

El caso de las granjas en mar abierto. Una opción pasa por sacar las granjas de los fiordos y bahías a mar abierto. De esta forma, según un informe reciente de la consultora Rabobank, se podría crecer un 10% más en volumen de aquí a 2030. Si se cumplen las proyecciones de inversión, en una década se puede incrementar entre 100 000 y 300 000 toneladas.

Pero para los inversores las incertidumbres no son buenas compañeras. El capital seee anima con las certezas y los datos. Por eso es importante informar sobre cómo este tipo de granjas offshore requieren de mayores inversiones en bienes de capital que las convencionales, o lo que se denomina el CAPEX. Los costes operativos también son más altos y, aunque resuelven parcialmente muchos de los desafíos que se presentan, siguen siendo sistemas como las granjas convencionales, solo que más alejadas de la costa.

Los defensores de sacar las granjas mar adentro apoyan la idea con las ventajas que muestran quee se gana en estabilidad de las condiciones ambientales, lo que favorece el bienestar de los peces, el número de parásitos esperados es menor y los restos de la actividad fisiológica de los peces se diluyen en la inmensidad del océano. Todos estos, son factores a favor de una huella “práctica” ambiental menor, lo que permite mejorar la aceptabilidad social y ambiental de la producción. Sin embargo, no está totalmente garantizada la ausencia de infecciones por piojos, y queda por justificar mejor el impacto neto que pueda tener la emisión de heces y alimento no ingerido al medio, entre otros.

Además, la tecnología en mar abierto para las condiciones del Atlántico norte está por desarrollarse. A esto se incluyen los problemas futuros que se derivarán de los efectos del Cambio Climático en la acidez, temperatura y los episodios de meteorología extrema en forma de gota fría (DANA). Controlar todos los aspectos operativos de una granja en una distancia remota tampoco está conseguido, ni se han desarrollado los sensores suficientes para detectar cualquier anomalía en el sistema, ni los medios de transmisión de datos en condiciones altamente corrosivos. Digamos que todo está todavía muy incierto y en manos de la naturaleza.

¿Y sí producimos en tierra? Los sistemas intensivos bajo techo permiten el ultra-control de todos los procesos fisiológicos y operacionales de una granja. Los peces pueden ser controlados casi milimétricamente gracias a la sensorización de los parámetros y los programas de monitorización manteniendo altos estándares de bienestar animal.

Siguiendo con el caso de los salmones, aunque producirlos hasta una talla de 3 a 5 kilogramos es, a día de hoy, un gran desafío, es cierto que existe una tecnología muy probada para el caso de la fase criadero y preengorde. Incluso, sin desarrollar completamente el cultivo de salmón en tierra, muchas empresas ya se plantea elevar el tamaño de los peces hasta los 2,5 kg antes de transferirlos al mar. Un tamaño considerable. De esta forma, señalan los expertos, los salmones llegan más robustos y con más probabilidades de prosperar.

Producir en tierra en el borde costero sale caro por la falta de terrenos y el precio de éstos. Los equipos e instalaciones encarecen también la instalación, por lo que el retorno de la inversión, o ROI, se prolonga en el tiempo más de lo deseable. Estos sistemas son más complejos para operar y, normalmente, un fallo en los equipos de la instalación requiere de planes de contingencia que permita resolver la incidencia en cuestión de minutos para evitar la catástrofe.

Además, está el hándicap del coste energético y la supuesta huella de CO2. Una cuestión que se soluciona adoptando modelos de generación de energía ecológicos y situando la producción más cerca del consumidor.

Con otras especies no existe este dilema

Esto, que para el inversor de salmón es un dilema, parece estar más claro para los productores de peces planos como el rodaballo o el lenguado. Sin granjas en tierra, ya la mayoría con recirculación, a día de hoy no se puede hacer acuicultura con estas especies.

También está claro para aquellas empresas que tienen integradas verticalmente el proceso de producción. Sin criaderos y preengordes en tierra no hay posibilidad de cultivar peces en el mar.

También se está viendo con la producción de langostinos tropicales en granjas en hiperintensivo en Europa. Una industria todavía incipiente que aún debe conseguir mejorar la escala para producir a precios más accesibles.

Frente al cambio climático “generalizado y rápido”, según los expertos, los sistemas en tierra presentan mayor resiliencia.

De momento, la pregunta sigue en el aire. ¿Qué nos depara la acuicultura del futuro? Algo si está claro, en una década no da tiempo suficiente para que ninguna de las tendencias actuales triunfe sobre la otra de manera rotunda. Al menos así parece, por lo que estaremos un tiempo en el que ambas convivirán, incluso encontraremos modelos mixtos de producción, como los sistemas huevos (Eggs) que se plantean en Noruega o cultivos multitróficos integrados. Solo el tiempo dirá quien es el que acierta.