Alemania 05/06/2013 – Las 750.000 toneladas de cáscaras de crustáceos que se generan en Europa como subproductos de la industria transformadora son una cantidad suficientemente importante como para que se eliminen sin más.
Por ello, científicos europeos involucrados en el consorcio del proyecto ChiBio buscan cómo dar valor a estos residuos a través de polímeros de quitosano biorefinado.
Uno de los principales impedimentos para hacer rentable las cáscaras de crustáceos radica en el alto contenido de carbonato cálcico. En ChiBio, trabajan once socios europeos para el desarrollo de nuevos métodos que permitan salvar este inconveniente.
La quitina es el compuesto principal de las cáscaras de los crustáceos, conformada por polímeros de azúcares nitrogenados unidos entre sí, y que ha mostrado una alta posibilidad de convertirse en bioplástico.
El resto de compuestos de las cáscaras de crustáceos se fermentarían para utilizarlas directamente con fines energéticos, por ejemplo, como biogás.

