El Puerto de Santa María 13/06/2013 - Un estudio realizado por el Centro Tecnológico de Miranda de Ebro sobre huella de carbono en trucha arcoíris, y que fue publicado por misPeces en noviembre del año pasado, señala que el 80 por ciento de las emisiones de CO2 que afectan a la producción de esta especie están relacionadas con el transporte de las materias primas para la elaboración de los piensos y su distribución.
A pesar de ello, el cultivo de trucha con una huella de carbono de 4,81 kg de CO2e/kg para trucha viva y de 5,07 de CO2e/kg para trucha procesada, está posicionado como una de las actividades ganaderas más eficientes y respetuosas con el medio ambiente que existen, seguidas muy de lejos por las aves de corral, en torno a 8 kg de CO2e/kg de producto; de porcino, 14 kg de CO2e/kg de producto; o de vacuno, 18 kg de CO2e/Kg de producto.
Por ello, es importante destacar la ventaja en materia medioambiental que supondría el empleo de proteínas animales terrestres transformadas (PAT) procedentes de mataderos próximos a los centros de producción de alimento para peces.
Según los datos dados a conocer por el proyecto europeo ProSpare (Progreso en ahorro de proteínas y recuperación de energía), el 50 por ciento de los animales de ganadería terrestre destinados a consumo humano se desechan como residuo.
Esto significa que hasta antes de la puesta en vigor del Reglamento de la CE 56/2013, la única posibilidad era el empleo como abono o la incineración.
Las PATs cuando son convertidas en hidrolizados proteícos aportan ventajas adicionales a las medioambientales, ya que como se ha puesto de manifiesto en ProSpare poseen una gran capacidad de asimilación por su alto contenido en aminoácidos libres que poseen la facultad de ser absorbidos fácilmente y una vida útil de dos años.
Entre los retos de la industria se encuentran ahora alcanzar una buena coordinación con los mataderos y la puesta en marcha de buenos métodos de procesado para obtener hidrolizados de calidad.

