ICMAN - CSIC (Puerto Real) / misPeces
Puerto Real (Cádiz) 08/07/2013 – La obtención por segundo año consecutivo de larvas de atún rojo (Thunnus thynnus) por parte de Futuna Blue España abre un mundo de posibilidades comerciales, y también científicas, que permitirán mejorar el conocimiento que existe de las primeras etapas de vida de esta especie desde el punto de vista histológico y fisiológico.
Así lo considera el científico del Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN – CSIC), Manuel Yúfera, experto en cría larvaria de especies marinas desde hace más de tres décadas y una institución en este campo en el ámbito europeo.
Para el investigador, poder trabajar con larvas de esta especie en las primeras etapas de vida “es una posibilidad única”, que sólo se puede conseguir a través de la importante colaboración entre empresa y centro de investigación, ya que, en el caso de especies migratorias como el atún rojo, hacer ciencia de este tipo con larvas salvajes sería muy complicado desde el punto de vista logístico y económico.
Por ello, considera importante aprovechar este material biológico que se está generando de la colaboración entre la empresa Balfegó y Futuna Blue España para realizar estudios que ayuden a conocer cómo se desarrollan órganos importantes como el aparato digestivo, el ocular o el muscular, entre otros.
Un mejor conocimiento del desarrollo anatómico y funcional de las capacidades digestivas servirá para un mejor planeamiento de la alimentación y el diseño de dietas que permitan un buen crecimiento y que ayuden a prevenir potenciales deformaciones esqueléticas.
“Queremos saber todo lo que necesitaría una larva sana para desarrollarse en las mejores condiciones. Es decir, plazos secuenciales temporales en los que aparecen los distintos órganos, tipo de alimento y cantidad que va a requerir el pez, cuando admite alimento formulado y los requisitos nutricionales que debe cumplir este pienso”, señaló Yúfera.
Se trata de un gran pelágico con altas tasas de crecimiento, si se compara con otras especies tradicionales de nuestra acuicultura. Como ejemplo explicó que, mientras una larva de dorada requiere un mes para alcanzar una longitud de 7 a 9 milímetros, en el caso del atún rojo este tamaño se alcanza en 12 o 15 días.
“Proveer en tiempo y forma la cantidad y calidad de proteína y nutrientes necesarios para satisfacer este ritmo de crecimiento es el reto a resolver para que las larvas y juveniles crezcan sin deficiencias que afecten a la supervivencia“, indicó.
Por ello, el investigador del CSIC abogó por aprovechar esta oportunidad de estudiar las larvas en laboratorio. “Es algo que no se puede desperdiciar” y tenemos que sacar el mayor partido a este material biológico.

