Noruega 10/06/2013 – Mejorar la digestibilidad de las materias primas vegetales para alimentar a peces carnívoros es una de las prioridades que se han marcado los científicos en los últimos tiempos. No obstante, estos ingredientes tienen sus “peros”, a diferencia de las bacterias, hongos y microalgas, que ofrecen ventajas interesantes que merecen la pena investigar.
En el campo de estos últimos ingredientes está trabajando la profesora Margaret Øverland de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida. Como describe la científica, los ingredientes vegetales terrestres poseen “anti-nutrientes” que afectan al crecimiento, la conversión del alimento y la salud de los peces. Como efecto en los peces éstos pueden provocar rechazo por un sabor amargo, o problemas en el aparato digestivo y posteriormente en los huesos por la dificultad para absorber minerales y oligoelementos.
El principal problema radica en la alta cantidad de hidratos de carbono, fibra y almidón de los compuestos vegetales de la soja o los guisantes empleados en la fabricación de piensos y que hacen difícil la digestión de los peces como el salmón o la lubina.
¿Cómo se supera este inconveniente? En opinión de Øverland, con un tratamiento adecuado a base de calor y presión, sumando proteínas obtenidas de bacterias, hongos y microalgas se podría reducir la dependencia a las harinas de pescado y las proteínas vegetales que proporcionan la soja y las legumbres, que compiten con la alimentación humana.
En las levaduras se encontraría una respuesta, al igual que en el uso de bacterias como la Methylococcus capsulatus de la que han obtenido buenos resultados experimentales.
Las microalgas también son un ingrediente muy importante para la alimentación acuícola. El problema radica en el alto coste de producir biomasa de microalga rica en los nutrientes eficaces en la alimentación de los peces, lo que implica que se deberá invertir más recursos en conseguir un sistema que abarate los costes.

