La acuicultura podría estar entrando en una nueva era gracias a métodos de inmunización más inteligentes, no invasivos y escalables. Las tradicionales inyecciones —estresantes, costosas y limitadas a peces de mayor tamaño— comienzan a quedar atrás.
Investigadores de la Universidad Putra Malaysia, la Universiti Kebangsaan Malaysia y la empresa Agro-BioTech han desarrollado un innovador sistema de vacunación oral contra la vibriosis, enfermedad responsable de importantes pérdidas económicas en el sector.
El avance se centra en la bioencapsulación de la microalga Nannochloropsis sp., modificada genéticamente para producir una proteína de la bacteria Vibrio harveyi, responsable de la vibriosis, una de las enfermedades más dañinas para la industria acuícola. Estas microalgas son ingeridas por pequeños crustáceos, las Artemia, que a su vez son alimento natural de los peces. De este modo, la vacuna se integra en la cadena alimentaria y llega al sistema digestivo de los animales de manera segura y no invasiva.
El proceso, conocido como bioencapsulación, desencadena en los peces una respuesta inmunitaria que los prepara para reconocer y neutralizar al patógeno real en caso de exposición. Los resultados, publicados en la revista Molecular Biotechnology por un equipo encabezado por las investigadoras Nur Farhah Nabihan Ismail y Zetty Norhana Balia Yusof, son contundentes: los peces cebra que recibieron esta vacuna mostraron una supervivencia del cien por cien frente a la infección, frente al cuarenta por ciento de los ejemplares no inmunizados.
Más allá de los datos, la innovación plantea un cambio de paradigma en la sanidad acuícola. La vacunación oral, integrada en la alimentación, reduce el sufrimiento de los animales, facilita la inmunización de grandes poblaciones desde etapas tempranas y podría disminuir la dependencia de antibióticos, uno de los grandes retos de la producción intensiva.
No obstante, el método también enfrenta desafíos. Su desarrollo implica un coste inicial elevado debido a la modificación genética de las microalgas y al cultivo de Artemia, y existe el riesgo de que la eficacia se vea comprometida si los peces no consumen la dosis adecuada de manera uniforme. Aun así, los investigadores coinciden en que este enfoque abre la puerta a una acuicultura más ética, eficiente y sostenible, en la que la salud de los peces se cuide con la misma atención que la productividad de las granjas.

