CONSUMO | CERTIFICACIÓN Y VALOR

Certificar no basta: la falta de información impide que el langostino sostenible genere más valor en el supermercado

Santander, 5/08/2026 | Un estudio realizado en cinco cadenas españolas confirma que el sello ASC no influye significativamente en el precio, mientras que explicar su significado aumenta la disposición teórica del consumidor a pagar

Consumidores escogen langostinos

La certificación permite acreditar que un langostino de acuicultura cumple determinados criterios ambientales y sociales, pero no garantiza por sí sola que el mercado reconozca ese esfuerzo con un precio superior.

Un estudio realizado por José Fernández Polanco, José Luis Fernández Sánchez y Luciano Vílchez-Gómez, basado en la oferta de cinco cadenas españolas, concluye que el sello del Aquaculture Stewardship Council (ASC) no produjo un efecto estadísticamente significativo sobre el precio observado en los supermercados.

Los investigadores analizaron 662 referencias y precios durante la campaña navideña, uno de los periodos de mayor consumo de langostino en España.

Los resultados muestran que la información voluntaria utilizada por los distribuidores para diferenciar los productos era limitada. Solo el 32,7% de las referencias destacaba algún dato sobre el sistema de producción, mientras que la especie aparecía en el 15,8% y el país de origen únicamente en el 7,4%. Estos porcentajes no se refieren a la información obligatoria del etiquetado, sino a los atributos adicionales resaltados comercialmente.

En estas condiciones, el consumidor toma su decisión principalmente a partir de señales más visibles y reconocibles, como el tamaño, la presentación, la marca, el precio o la indicación de origen salvaje.

El análisis confirma que este último atributo está asociado a precios superiores, lo que evidencia que el mercado reconoce mejor una característica fácilmente comprensible que una certificación cuyo significado puede resultar desconocido.

El estudio revela, sin embargo, que el langostino sostenible posee un valor potencial que actualmente no se está trasladando al precio.

En un experimento de elección realizado con 218 consumidores, sustituir el logotipo de la certificación por la expresión explícita «acuicultura sostenible» aumentó la valoración del producto y generó una disposición teórica a pagar alrededor de 1,38 euros más por kilogramo.

Esta cantidad fue similar a la prima atribuida a una conocida marca, estimada en 1,26 euros por kilogramo, aunque quedó por debajo de los aproximadamente 3,49 euros asociados al origen salvaje. Los autores advierten de que estas cifras proceden de un experimento y no representan sobreprecios comprobados en las ventas reales. Reflejan, por tanto, un valor potencial que solo podría capturarse si la sostenibilidad se comunica de manera clara y comprensible.

«La certificación puede convertirse en un requisito de acceso al mercado sin generar mayor valor para el producto si la cadena no comunica adecuadamente al consumidor qué acredita la ecoetiqueta».

José Fernández Polanco
Investigador principal del estudio

Como señala José Fernández Polanco, investigador principal del estudio, los resultados invitan a reflexionar sobre una cuestión relevante para las empresas acuícolas, ya que, aunque el productor asuma los costes de adaptar sus procesos, superar las auditorías y mantener la certificación, corre el riesgo de que esta se convierta únicamente en un requisito de acceso al mercado, sin traducirse en un mayor valor para el producto.

Las ecoetiquetas tienen potencial para diferenciar los productos acuícolas, pero su eficacia se reduce cuando la cadena de valor no explica adecuadamente qué acreditan. Si el distribuidor se limita a mostrar un logotipo que muchos compradores no reconocen, la diferenciación conseguida en la granja pierde fuerza cuando el producto llega al lineal.

La certificación necesita ir acompañada de información que permita entender qué garantiza y por qué debería importar al consumidor. Relacionar el sello con conceptos como la gestión responsable de la granja, el control del impacto ambiental, la trazabilidad o las condiciones laborales ayudaría a convertir un atributo técnico en una razón concreta de compra.

El problema no parece estar, por tanto, en la falta de interés por la sostenibilidad, sino en la distancia existente entre lo que acredita la certificación y lo que el comprador comprende frente al producto. Para que el langostino sostenible genere más valor, productores, certificadoras, marcas y distribuidores deberán compartir no solo el sello, sino también la responsabilidad de explicar su significado.

Referencia

Fernández Polanco, J.; Fernández Sánchez, J. L.; Vílchez-Gómez, L. (2026). Effectiveness of ecolabels in markets with imperfect transparency. A case study of sustainable farmed shrimp in Spanish retailing. Marine Policy, 193, 107229. https://doi.org/10.1016/j.marpol.2026.107229

Te puede interesar