CULTIVO LARVARIO | MICROBIOTA

Cuando dos tanques en condiciones iguales producen supervivencias larvarias distintas hay que mirar a la microbiota

Global, 16/07/2026 | La ciencia propone controlar la microbiota en la fase larvaria como clave del éxito de una producción estable de juveniles

Técnica de laboratorio analizando calidad bajo el agua

Dos tanques reciben larvas del mismo lote, utilizan la misma dieta y siguen un protocolo de manejo idéntico. Aun así, uno mantiene una supervivencia aceptable y el otro registra mortalidades elevadas o un crecimiento más irregular. Esta falta de reproducibilidad, frecuente durante las primeras fases de cultivo, no siempre puede atribuirse a la calidad del huevo, la alimentación o un fallo operativo evidente.

Parte de la comunidad científica sitúa, como parte de la explicación, las relaciones entre las larvas y las comunidades microbianas presentes en el agua y en el propio sistema de producción.

Durante mucho tiempo, las pérdidas larvarias se han interpretado principalmente como consecuencia de deficiencias nutricionales, mala calidad de los reproductores o infecciones causadas por patógenos reconocibles.

Sin embargo, estos factores no explican por qué aparecen diferencias importantes entre réplicas que parten de las mismas condiciones. La ciencia plantea que, en muchos casos, el problema puede ser una disbiosis: un desequilibrio de la microbiota que altera sus funciones y favorece interacciones perjudiciales, aunque no se consiga identificar una bacteria causante de una enfermedad concreta.

Esta perspectiva convierte la microbiota en una variable productiva que debe gestionarse durante todo el proceso larvario. Su composición no permanece fija, sino que puede cambiar significativamente en intervalos de apenas unos días debido tanto a la selección ejercida por el ambiente como a procesos aleatorios de colonización.

Por ello, desinfectar el agua al inicio del ciclo o añadir un probiótico de forma puntual no garantiza que la comunidad microbiana se mantenga estable hasta la metamorfosis.

El agua de cultivo desempeña un papel fundamental porque actúa como una fuente continua de microorganismos para las larvas. No obstante, la microbiota de los peces no reproduce exactamente la existente en el tanque: algunos microorganismos consiguen colonizarlos y otros quedan excluidos.

La abundancia relativa de cada grupo en el agua, la disponibilidad de materia orgánica y las condiciones del sistema influyen en este proceso, lo que ayuda a explicar por qué pequeños cambios ambientales pueden terminar generando resultados biológicos muy diferentes.

Doradas alevines (Sparus aurata)

La ciencia también cuestiona el principio de que desinfectar más equivale necesariamente a producir mejor. Los tratamientos mediante radiación ultravioleta, ozono u otras tecnologías son necesarios para establecer barreras higiénicas, pero también pueden dejar un sistema con baja densidad microbiana y suficientes nutrientes disponibles para una recolonización rápida.

Si las primeras bacterias que aprovechan ese espacio son oportunistas de crecimiento acelerado, la desinfección puede desplazar el problema en lugar de resolverlo. La cuestión decisiva no es únicamente cuántos microorganismos se eliminan, sino qué comunidad vuelve a desarrollarse después.

Los probióticos constituyen otra herramienta con gran interés, aunque sus efectos continúan siendo difíciles de reproducir.

Algunos ensayos encuentran mejoras en la supervivencia, el crecimiento o la tolerancia al estrés, mientras que otros no detectan beneficios estables. Una de las principales limitaciones es que muchas cepas administradas no logran colonizar de forma duradera a las larvas o desaparecen pocos días después.

Su eficacia puede depender de la especie, la edad de los animales, la microbiota previa, la tecnología de cultivo y el momento de aplicación.

Por eso, la posición de la ciencia en esta cuestión es que la gestión microbiana eficaz deberá combinar medidas como desinfección, retirada de materia orgánica, control de la recolonización, biofiltración, estabilización del agua y selección de microorganismos beneficiosos.

Los sistemas de recirculación y el uso de agua microbiológicamente madura ofrecen resultados prometedores, pero todavía es necesario trasladar la evidencia experimental a protocolos industriales medibles.

Para los criaderos, el objetivo no consiste en eliminar todos los microorganismos, sino en mantener comunidades estables que reduzcan la probabilidad de disbiosis y hagan más predecible la producción de juveniles.

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