La monitorización acústica pasiva se perfila como una herramienta transformadora en la acuicultura de langostinos, al ofrecer información en tiempo real y de forma no invasiva sobre el comportamiento alimentario, lo que podría reducir significativamente el desperdicio y mejorar la sostenibilidad del sistema productivo.
Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad Oceánica de China y el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal ha demostrado que la PAM permite seguir con precisión la actividad alimentaria del Penaeus vannamei (langostino blanco del Pacífico), incluso en condiciones ambientales variables. Se trata del primer estudio que cuantifica cómo los factores ambientales influyen en la acústica de la alimentación del langostino, lo que allana el camino para el desarrollo de sistemas de alimentación inteligentes y sensibles al entorno.
Con una producción mundial de Penaeus vannamei que alcanzó los 6,8 millones de toneladas en 2022 y una demanda creciente, la necesidad de prácticas eficientes y sostenibles es más urgente que nunca.
Esta tecnología se basa en la detección de señales acústicas —específicamente, la cantidad de "clics" emitidos por los langostinos durante la alimentación—, que según los investigadores están estrechamente relacionados con el consumo real de pienso.
“Existe una correlación positiva significativa entre el número de clics y el consumo de alimento, siendo la temperatura el factor ambiental más influyente”, afirman los autores del estudio.
Este hallazgo tiene importantes implicaciones para el desarrollo de sistemas de alimentación inteligentes. Actualmente, en la cría de langostinos en estanque se recurre principalmente a la observación manual o a horarios de alimentación fijos, métodos que suelen derivar en sobrealimentación, deterioro de la calidad del agua y costes innecesarios.
Los resultados del estudio respaldan firmemente la necesidad de integrar datos ambientales en las estrategias de alimentación automatizada. En las pruebas realizadas, se observó que, al aumentar la temperatura del agua de 20 ºC a 32 ºC, la ingesta de pienso por parte de los langostinos casi se duplicaba, y la frecuencia de los clics acústicos aumentaba en paralelo. En cambio, concentraciones elevadas de amonio y nitrito —compuestos derivados del exceso de alimento no consumido y del metabolismo del langostino— redujeron notablemente tanto la actividad alimentaria como las señales acústicas.
“Las temperaturas elevadas estimulan la actividad alimentaria y la intensidad de las señales acústicas, mientras que altas concentraciones de amonio y nitrito de nitrógeno suprimen ambos parámetros”, señalan los investigadores.
Estos resultados refuerzan la necesidad de que los sistemas inteligentes de alimentación no se limiten a indicadores conductuales, sino que también incorporen parámetros de calidad del agua para adaptar las raciones en tiempo real. Aunque algunas plataformas comerciales, como la australiana AQ1, ya han implementado tecnología de monitorización acústica pasiva, la mayoría de los sistemas aún operan de forma independiente de los sensores de monitoreo ambiental.
La sobrealimentación sigue siendo una de las principales causas de degradación de la calidad del agua en acuicultura. Contribuye a la acumulación de nutrientes, eleva la presencia de compuestos nitrogenados perjudiciales y puede favorecer brotes de enfermedades. La tecnología acústica ofrece una solución práctica para reducir el impacto ecológico y mejorar el bienestar animal, al permitir un ajuste fino del suministro de alimento en función del comportamiento de los animales y las condiciones del entorno.
A medida que la acuicultura continúa creciendo para satisfacer la demanda mundial de proteínas, tecnologías como la monitorización acústica pasiva podrían ser clave para alcanzar una producción más eficiente, responsable y respetuosa con el medio ambiente.

