Aunque las condiciones actuales del agua del mar en Turquía siguen siendo razonables para el cultivo de especies clave como la dorada (Sparus aurata) y la lubina (Dicentrarchus labrax), un estudio recientemente publicado por Mehmet Fatih Can y Yavuz Mazlum en la revista Aquaculture International advierte de una tendencia preocupante: el aumento sostenido de la temperatura superficial del mar, derivado del cambio climático, podría comprometer la viabilidad futura de la acuicultura marina en determinadas regiones del país.
Con más de 150.000 toneladas anuales de producción y una fuerte presencia en el mercado europeo, Turquía se posiciona como uno de los principales productores de dorada y lubina del Mediterráneo. Sin embargo, el estudio apunta que esta posición podría estar en riesgo si no se adoptan medidas adaptativas a tiempo.
Los investigadores analizaron datos de temperatura superficial del mar (SST) entre 1982 y 2020 en cuatro áreas costeras clave: İzmir, Antalya, İskenderun y el mar Negro, y proyectaron su evolución hasta 2080. Las zonas más críticas, como İskenderun y Antalya, ya experimentan más de 50 días al año con temperaturas superiores a los 30 °C, umbral límite de tolerancia para ambas especies. En el caso de İskenderun, la cifra alcanzó los 74 días en 2020.
Las proyecciones muestran que, de mantenerse la tendencia actual, se podrían alcanzar entre 170 y 180 días anuales con temperaturas por encima del umbral fisiológico para la dorada y la lubina hacia 2080. Este escenario, según los autores, amenaza tanto el rendimiento productivo como el bienestar animal, además de tener un impacto directo en la economía local vinculada a la acuicultura.
El estudio plantea la necesidad de reubicar granjas marinas en las zonas más afectadas y explorar áreas con condiciones térmicas más estables, como İzmir o el mar Negro, donde las temperaturas aún se mantienen dentro de márgenes seguros. Además, se destaca el potencial de las zonas profundas como refugios térmicos: en Antalya, por ejemplo, las temperaturas a 40-50 metros de profundidad pueden ser hasta 9 °C más bajas que en superficie.
Este hallazgo refuerza la idea de adaptar las jaulas flotantes actuales para que operen a mayor profundidad, una opción viable para mitigar los efectos del calentamiento.
Entre las recomendaciones clave, los autores subrayan la necesidad de integrar modelos climáticos en la planificación espacial de nuevas instalaciones, mejorar los sistemas de monitorización térmico en tiempo real, y diversificar la producción hacia especies más resistentes al calor.
Los autores también recomiendan apostar por el desarrollo de tecnologías que permitan una gestión más resiliente ante los cambios ambientales.
Este trabajo, aunque centrado en Turquía, lanza una señal de alerta que puede extrapolarse a otras zonas del Mediterráneo, incluida la cuenca española. Con un cambio climático que avanza sin pausa, la acuicultura mediterránea se enfrenta al reto de adaptarse no solo para sobrevivir, sino para seguir siendo competitiva y sostenible a largo plazo.

