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CORONAVIRUS

El impacto de la Covid-19 sobre la cadena de valor de acuicultura en Bangladesh

Las consecuencias en España podrían haber sido las mismas si no hubiéramos contado con los mecanismos de actuación que se disponen en países desarrollados

Bote en un río de Bangladesh

Madrid 5/08/2020 – La importancia de la provisión de alimentos a través de la acuicultura se percibe de manera diferente por las personas que viven en países desarrollados donde existe abundancia alimentaria, que en países en vías de desarrollo donde millones de personas en el mundo dependen de la actividad.

La crisis sanitaria de la Covid-19 está generando dos tragedias. Por un lado la que produce directamente la enfermedad sobre la salud de quienes la padecen; la segunda, el impacto producido en el medio de vida y alimentación de las personas en países donde la acuicultura es la única vía de ingresos.

Para poder ilustrar la importancia del impacto de la Covid-19 en la cadena de valor de la acuicultura, el programa WorldFish de la FAO ha querido poner el foco en la terrible situación en la que están sumidos una parte importante de la población en Bangladesh, donde más de 5 millones de hogares dependen de la alimentación accesible y tradicional para la mayoría de personas de este país.

Con la Covid-19 se ha reducido a la mitad la demanda de pescado y productos del mar y se ha interrumpido masivamente la cadena de suministro, se han cerrado las operaciones de criadero, se han detenido las importaciones de pienso y muchos actores de la cadena de valor están sufriendo económicamente por las consecuencias derivadas.

Los que peor lo están pasando, como siempre, los pequeños y medianos empresarios y productores de pescado que aún no han podido reanudar sus actividades habituales.

En el informe de WorldFish se proporciona un resumen sobre los impactos más significativos de la Covid-19 a lo largo de la cadena de suministro y establece una serie de recomendaciones sobre cómo abordar los desafíos y devolver a la cadena de suministro a la normalidad.

El primer impacto se ha dejado sentir en los costes de producción que han subido un 10 por ciento en la mano de obra; el precio de los alimentos que aumentó un 5 por ciento y los costes de transporte de semillas y piensos que también aumentaron.

Por el contrario, aquellos que pudieron vender su pescado lo tuvieron que hacer un 30 por ciento más barato, teniendo que operar en pérdidas.

La falta de insumos ha hecho que pequeñas y medianas empresas fabricantes de alimentos permanezcan cerradas desde que se decretaran las medidas de distancia social y algunas están o han quebrado o están a punto de hacerlo. Las más beneficiadas las grandes empresas fabricantes que han ajustado su producción a la actual demanda.

Por su parte, el 10 por ciento de los criaderos se han visto obligados a cerrar por falta de suministro de insumos para continuar con la reproducción y el crecimiento larvario.

Otro factor que está afectando al sector es la menor demanda urbana de productos pesqueros que ha descendido a la mitad fruto de una combinación de razones como la menor afluencia de clientes; una reducción significativa en el ingreso de muchas familias, especialmente por pérdida de empleo; y miedo a contagiarse al acudir a los mercados húmedos de pescado o las restricciones de horario en estos.

Si bien la demanda de pescado crudo en los mercados disminuyó, la demanda de pescado procesado se ha mantenido a buen ritmo. La disminución de la demanda afecta a los interesados en toda la cadena de valor del pescado que han visto caer su negocio.

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