El sector global de la acuicultura ha entrado en una nueva fase de recuperación en 2025, con un aumento del volumen de pienso hasta las 55,47 millones de toneladas, lo que supone un crecimiento del 4,7% tras varios años de relativa estabilidad. Según el informe Alltech Agri-Food Outlook 2026, este repunte refleja la recuperación de especies clave como el camarón y el salmón, así como la expansión progresiva de los sistemas de acuicultura continental.
Sin embargo, el crecimiento no responde únicamente a un aumento de la producción biológica. Una parte relevante del avance está vinculada a cambios estructurales en el sector, como la transición hacia sistemas de alimentación más industrializados, la mejora de la eficiencia productiva y la creciente comercialización de la acuicultura en mercados emergentes.
En este contexto, el volumen de pienso se consolida como un indicador del grado de madurez del sector, más allá del simple crecimiento productivo.
Latinoamérica se posiciona como una de las regiones más dinámicas, con un incremento del 11,4% en la producción de pienso acuícola en 2025.
Este crecimiento está claramente impulsado por los mercados de exportación, apoyado en costes competitivos y en un proceso continuo de industrialización. Ecuador lideró la recuperación con un aumento cercano al 15% en la producción de camarón, mientras que el sector del salmón en Chile creció en torno al 8%. Brasil, por su parte, reforzó su papel mediante la expansión de la tilapia y el avance en la consolidación industrial del sector.
En conjunto, estos factores consolidan a la región como uno de los principales vectores estructurales de crecimiento de la acuicultura global.
A escala global, el crecimiento sigue siendo desigual. África registró el mayor incremento porcentual, con un 27,5%, impulsado por la intensificación productiva y una mayor adopción de piensos comerciales en mercados como Egipto.
Asia mantiene su papel central en el desarrollo del sector, concentrando la mayor parte del crecimiento futuro en el consumo de productos acuáticos, con países como India ganando protagonismo gracias a la expansión de la acuicultura continental. En contraste, mercados maduros como Japón muestran una tendencia de contracción estructural, condicionada por la escasez de mano de obra, las limitaciones ambientales y el aumento de los costes operativos.
De cara a 2026, se espera que el sector mantenga su crecimiento, aunque a un ritmo más moderado a medida que se reequilibren la oferta y la demanda. El principal reto ya no es aumentar la producción, sino sostener la rentabilidad en un entorno cada vez más volátil. Los fabricantes de pienso y los productores deberán gestionar la variabilidad en los costes de materias primas, especialmente en ingredientes clave como la harina y el aceite de pescado, al tiempo que mejoran la eficiencia operativa y la gestión del riesgo.
En este nuevo escenario, la resiliencia se consolida como el principal factor competitivo. A medida que el sector deja atrás el crecimiento basado exclusivamente en volumen, la capacidad para construir cadenas de suministro más robustas y adaptarse a las presiones económicas, biológicas y geopolíticas será determinante para definir el liderazgo en la acuicultura global.

