Durante décadas, los avances en productividad en la acuicultura han estado estrechamente vinculados al alimento, gracias a mejores formulaciones de los piensos, una mayor digestibilidad y el uso de aditivos funcionales. Sin embargo, el cultivo de bivalvos responde a una lógica distinta. Según los investigadores del proyecto BlueBio BIVALVI, las principales mejoras de productividad en este sector no dependen de incrementar los insumos, sino de cómo se gestionan los sistemas de producción.
Con este enfoque, el proyecto BIVALVI ha analizado distintos eslabones del proceso productivo para identificar dónde se generan realmente las ganancias de rendimiento. El proyecto está liderado por Nofima, con la participación de la Universidad de Bolonia, University College Cork, Naturedulis y Norgeskjell, además del socio colaborador Roaring Water Bay Mussels.
Uno de los puntos de partida es entender qué determina el rendimiento de los bivalvos en condiciones reales de cultivo. A diferencia de los peces, las almejas y los mejillones no requieren piensos compuestos. Su rendimiento depende en gran medida del flujo de agua, la disponibilidad de alimento natural, los ritmos biológicos y de decisiones productivas que a menudo se consideran secundarias. Los investigadores del proyecto señalan que revisar estas decisiones cotidianas de manejo puede traducirse en mejoras medibles en el crecimiento, el tiempo de producción y la disponibilidad de semilla, sin necesidad de aumentar los insumos.
La infraestructura importa
Este enfoque se refleja de forma clara en el manejo temprano de la semilla, uno de los mensajes más consistentes que se desprenden del proyecto. La comparación de distintos sistemas de preengorde —linternas de red, bolsas (poches) y tanques de afloramiento en tierra— mostró que el crecimiento variaba significativamente en función del soporte físico utilizado.
Los sistemas de linternas ofrecieron de forma consistente mejores resultados de crecimiento, mientras que las bolsas presentaron un rendimiento deficiente, principalmente debido a la bioincrustación, que limitaba el intercambio de agua. El estudio indica que estas diferencias no estaban relacionadas con el alimento ni con la densidad de cultivo, sino con la hidrodinámica y el mantenimiento del sistema.
Para los productores, la implicación es directa: cuando el crecimiento de la semilla se estanca, el factor limitante puede no estar en los insumos, sino en el flujo de agua y el control del fouling.
La doctora Aguiari, de Naturedulis, subraya que “solo combinando la investigación científica con el profundo conocimiento práctico de los productores se puede construir una acuicultura más resiliente, sostenible y próspera”.
La selección genética funciona cuando se alinea con una cadena de valor desarrollada
Anna Sonesson | NOFIMA
Además de optimizar el manejo y la infraestructura, el proyecto BIVALVI ha confirmado que la mejora genética puede aportar beneficios claros, siempre que esté integrada en un sistema productivo coherente. Un programa específico de selección genética para la almeja japonesa, desarrollado por Nofima en colaboración con Naturedulis, ha demostrado que las almejas de crecimiento más rápido pueden acortar el ciclo de producción en alrededor de tres meses en condiciones reales de cultivo.
Sin embargo, según Anna Sonesson, investigadora de Nofima y coordinadora del proyecto, la mejora genética solo se traduce en ganancias productivas consistentes cuando la cadena de valor —incluidos los sistemas de preengorde, la gestión de las lagunas, la cosecha y los canales de distribución— no actúa como un factor limitante.
Sonesson insiste en que «la selección genética amplifica una buena gestión, pero no puede compensar infraestructuras inadecuadas o cadenas de valor mal diseñadas».
El momento es más importante que la predicción en un clima cambiante
Junto a la infraestructura y la genética, el proyecto pone el foco en el tiempo como variable de gestión. El análisis de poblaciones de mejillón en distintas regiones mostró que la reproducción depende de alcanzar determinados umbrales de temperatura y disponibilidad de alimento. Tal y como señala el doctor Lynch, de University College Cork, hay un factor que destaca por su relevancia práctica inmediata: los ciclos lunares.
Lynch explica que «la liberación máxima de larvas coincide de forma constante con las lunas llenas y las mareas vivas», lo que ofrece a las explotaciones una ventana predecible para optimizar la captación de semilla de mejillón.
En lugar de basarse exclusivamente en proyecciones climáticas a largo plazo, el equipo del proyecto sugiere que las granjas ya pueden mejorar el éxito del asentamiento alineando el despliegue de cuerdas con estas ventanas de puesta biológicamente determinadas, una decisión de manejo que no requiere insumos adicionales.
El tamaño importa más que la edad para la reproducción
Los resultados también revelan cómo las condiciones de crecimiento influyen directamente en la estrategia reproductiva de los mejillones. La investigación mostró que algunos individuos de mayor edad que permanecían relativamente pequeños se comportaban de forma muy distinta a sus homólogos de crecimiento más rápido.
En lugar de concentrar la reproducción en una temporada corta y bien definida, estos mejillones más pequeños y viejos mostraron signos de actividad reproductiva durante gran parte del año. Esto sugiere que, cuando el crecimiento está limitado por el espacio, la competencia o las condiciones ambientales, los mejillones pueden desviar energía del crecimiento somático y destinarla a la reproducción.
Microbiología: una pieza emergente del puzle
El proyecto BIVALVI también apunta a la microbiología como un factor emergente dentro del sistema productivo. El estudio observó que distintos sistemas de producción albergan comunidades microbianas diferentes, y que aquellos asociados a un mejor crecimiento tendían a presentar una mayor presencia de bacterias potencialmente beneficiosas.
Aunque estos resultados siguen siendo exploratorios, el profesor Bonaldo, de la Universidad de Bolonia, señala que las prácticas de cultivo desempeñan un papel clave en la configuración de la dinámica microbiana. «Las comunidades microbianas están en gran medida determinadas por el diseño del sistema y las decisiones de manejo», apunta. Factores como el intercambio de agua, el fouling y la infraestructura influyen, por tanto, en el entorno biológico en el que se desarrollan los bivalvos.
Un modelo de productividad diferente
En conjunto, los resultados de BIVALVI describen un modelo de productividad que se aparta de los sistemas acuícolas tradicionales basados en el alimento. Según los socios del proyecto, las mejoras de productividad en el cultivo de bivalvos se logran principalmente mediante decisiones de infraestructura que maximicen el intercambio de agua, una gestión proactiva del fouling, programas de mejora genética adaptados a sistemas productivos fragmentados y una operativa alineada con los ritmos biológicos, más que con calendarios fijos.

