La producción de camarón en Ecuador afronta una presión energética por dos vías: el incremento de las tarifas eléctricas para los consumidores de alto voltaje y los costes de mantener las operaciones mediante generación propia durante las interrupciones del suministro.
La Cámara Nacional de Acuacultura (CNA) advierte de que esta combinación compromete la competitividad y reclama al Gobierno abordar conjuntamente el precio y la continuidad del servicio.
La Agencia de Regulación y Control de Electricidad (ARCONEL) ha establecido precios medios de 0,30 dólares por kWh para el grupo AV1 y 0,29 dólares por kWh para AV2, aplicables a los consumos de octubre, noviembre y diciembre de 2026. El organismo justifica la reforma tarifaria por las contingencias del sistema eléctrico y las condiciones hidrológicas del país.
Estos valores corresponden a dichos segmentos de alto voltaje y no constituyen una tarifa general para todas las explotaciones camaroneras.
Según la CNA, el impacto se extiende más allá de las empresas que reciben directamente una factura superior. El encarecimiento de los insumos y servicios también se traslada a la producción de camarón.
La organización cuestiona, además, que los aumentos recaigan sobre usuarios que han invertido en subestaciones y obras de conexión, y sostiene que las diferencias entre los incrementos tarifarios generan distorsiones entre los actores de la cadena.
A esa presión se suman las interrupciones del servicio y las disposiciones de autogeneración por períodos de al menos 48 horas que señala la patronal. La continuidad eléctrica es necesaria para proteger las larvas y los camarones en cultivo, mantener la fabricación de piensos y preservar la cadena de frío del producto destinado a exportación.
Mientras persistan los cortes, la CNA pide garantizar un abastecimiento suficiente y oportuno de diésel para sostener la generación propia.
El comunicado no cuantifica el incremento del coste por kilogramo de camarón ni documenta mortalidades o pérdidas de producción asociadas a estas restricciones. Su advertencia se centra en el riesgo operativo y en la dificultad para programar la actividad cuando coinciden mayores costes eléctricos y un suministro discontinuo.
La CNA solicita un plan energético con medidas y plazos concretos que permita organizar las operaciones y las inversiones. También reclama agilizar los trámites para que las empresas privadas puedan incorporar nueva generación eléctrica.
Para el sector, disponer de esa previsibilidad resulta necesario para sostener la producción, el empleo y la inversión a lo largo de la cadena camaronera.

