El verano de 2026 está sometiendo a la acuicultura italiana a una prueba que va más allá de episodios aislados de altas temperaturas. Dos sistemas productivos muy diferentes, el cultivo de trucha en ríos y el cultivo de moluscos bivalvos en el mar, están registrando simultáneamente pérdidas de producción, menor crecimiento y mortalidades asociadas al calentamiento del agua y a la reducción del oxígeno disponible.
En trucha, el aumento de la temperatura reduce el oxígeno disponible y ha obligado a disminuir la alimentación para preservar el bienestar y la salud de los peces, ralentizando el crecimiento. El impacto estimado por la Asociación de Productores Italianos (API) es una reducción del 15% de la producción, a partir de la evolución de las ventas y el consumo de pienso.
El problema no termina cuando descienden las temperaturas. En la trucha, semanas de menor alimentación significan menor crecimiento y retrasos en alcanzar el tamaño comercial, mientras que la reducción de biomasa condiciona la planificación posterior con efectos que podrían prolongarse hasta Navidad.
En el cultivo de bivalvos, el impacto ha sido mucho más inmediato. Campania comunicó mortalidades de mejillón coincidiendo con temperaturas del mar que las organizaciones del sector estimaron alrededor de 3,5 °C por encima de los valores estacionales.
Pero el episodio de mayor dimensión se está produciendo entre Goro y Porto Garibaldi, en Emilia-Romagna, donde Confcooperative estima que se ha perdido más del 90% de los mejillones, entre 20.000 y 25.000 toneladas, con daños directos superiores a 50 millones de euros. Las elevadas temperaturas y los episodios de anoxia aparecen como los principales factores asociados.
En el mejillón, parte de las pérdidas de Emilia-Romagna corresponde a semilla destinada al siguiente ciclo, lo que puede reducir la capacidad productiva en 2027. El verano extremo está trasladando así sus efectos desde la producción actual hacia las siguientes campañas.
Un impacto que afecta a sectores ya debilitados
El último dato disponible indica que la producción italiana de trucha arcoíris había descendido alrededor de un 11% en 2024, desde unas 34.000 hasta 30.000 toneladas. En mejillón, la caída fue todavía mayor: −23%, desde aproximadamente 57.000 hasta 44.000 toneladas. El shock climático de 2026 afecta, por tanto, a cadenas productivas que ya habían perdido volumen antes de este verano.
La cuestión que plantea 2026 para la acuicultura italiana debe seguir de aprendizaje también para otros países del Mediterráneo sobre hasta qué punto los sistemas de cultivo pueden mantener biomasa, crecimiento y ciclos productivos cuando las condiciones ambientales permanecen durante semanas fuera de sus rangos habituales.

