MARKETING Y CONSUMO

España e Italia comparten el giro hacia la conveniencia, pero no están defendiendo igual el consumo de pescado

Mediterráneo 27/07/2026 | Italia muestra que la tradición puede amortiguar la inflación, mientras España confirma que el marketing debe convertir la disponibilidad en soluciones fáciles, accesibles y cotidianas

Familia come pescado en mesa

España e Italia comparten especie de cultivo y consumo similares: trucha arcoíris, dorada, lubina, mejillones. También afrontan desafíos similares como la inflación, menos tiempo para cocinar, consumidores jóvenes con menor familiaridad con el pescado y una demanda creciente de soluciones prácticas.

Sin embargo, los resultados sobre consumo de pescado son muy distintos. En España, las compras domésticas de productos pesqueros disminuyeron un 27% entre 2015 y 2024 y el consumo por habitante cayó de 26,4 a 17,9 kilos. Italia, en cambio, mantuvo sus compras domésticas alrededor de 570.000 toneladas entre 2018 y 2024.

El informe de EUMOFA apunta a una diferencia fundamental. En Italia, el pescado continúa integrado en recetas, ocasiones y hábitos reconocibles. En España mantiene una imagen saludable, pero se debilita el conocimiento práctico: se compra con menos frecuencia, se cocina menos y aumenta la percepción de que requiere tiempo, habilidad y planificación.

La primera lección es que ya no basta con explicar por qué comer pescado es bueno; hay que mostrar cómo encaja en una comida cotidiana.

La inflación también ha provocado respuestas distintas. Las familias italianas tienden a cambiar cantidades, especies o presentaciones antes que abandonar la categoría. Esa sustitución interna permite retener al consumidor mediante una oferta amplia de precios, tamaños y formatos.

En España, parte del ajuste se traduce en menor frecuencia de compra y en el paso hacia otras proteínas.

Para productores y distribuidores españoles, esto significa que la sección de pescado debe ofrecer alternativas más comprensibles. Porciones con precio final visible, tamaños adaptados a hogares pequeños y propuestas que permitan cambiar de especie sin salir de la categoría pueden ser más eficaces que una promoción basada únicamente en descuentos.

La conveniencia no debe entenderse solo como elaboración industrial. También puede consistir en un filete limpio, una bandeja para dos personas, una receta de pocos pasos o una indicación clara del tiempo de cocinado. Las conservas han resistido mejor en España porque resuelven problemas concretos de almacenamiento y preparación. El pescado fresco necesita ofrecer esa misma seguridad de uso.

La evolución de las especies muestra la ventaja de la acuicultura cuando la regularidad productiva se transforma en una solución comercial.

En España, la lubina creció un 29%, la dorada un 5% y el salmón se mantuvo prácticamente estable, mientras la merluza y varias especies tradicionales registraron fuertes descensos. Producir durante todo el año, ofrecer tallas homogéneas y abastecer regularmente al retail ayuda, pero no garantiza el consumo si el producto sigue llegando al comprador como una materia prima difícil de interpretar.

Italia demuestra además que la conveniencia no tiene por qué reducir el mercado a salmón y atún. Pequeños pelágicos, almejas y mejillones conservan su espacio porque siguen vinculados a la cocina doméstica. Su reto es actualizar esa tradición para las generaciones jóvenes.

España, por su parte, necesita recuperar especies tradicionales mediante presentaciones sencillas, productos parcialmente preparados y campañas asociadas a momentos concretos: una cena rápida, una comida familiar o un menú semanal asequible.

El origen también debe utilizarse de manera diferente. En Italia, la procedencia nacional y mediterránea funciona como señal de frescura, sabor y proximidad. En España puede aportar valor, pero no compensa por sí sola un precio confuso o una preparación percibida como complicada.

Decir “producto español” es insuficiente cuando no se explica cuánto cuesta la ración, cómo cocinarla y qué problema cotidiano resuelve.

La lección común es que las campañas genéricas para “comer más pescado” tienen un recorrido limitado. El marketing debe segmentarse por edad, capacidad de gasto, ocasión de consumo, canal y nivel de habilidad culinaria.

Italia necesita modernizar su tradición sin perder diversidad; España debe reconstruir frecuencia y familiaridad.

En general, la acuicultura mediterránea crecerá cuando convierta su suministro regular en productos accesibles, fáciles de preparar y relevantes para la compra cotidiana.

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