Madrid 13/07/2015 – El IV Congreso sobre la calidad de los Productos Pesqueros ha vuelto a servir para poner de manifiesto el descomunal déficit de producción de pescado y marisco que existe en la Unión Europea, y que nos hace dependientes de las importaciones de terceros países con menores estándares de calidad, que a los que se les obliga a nuestras empresas locales.
A pesar que nos imponemos fuertes compromisos medioambientales y sanitarios acabamos importando productos de menor calidad por la necesidad que tenemos de cubrir las demandas de nuestros consumidores.
A esto, se añade la pérdida de empleo y riqueza que podría crearse si esta producción fuera local. En España y a pesar de que el sector está lejos de su potencial y no se atiende con la importancia que se debería, es una actividad que genera 70.000 puestos directos y más de 300.000 indirectos.
Tal es el déficit que existe que, comparativamente con la importación de productos cárnicos, se importan cuatro veces más productos pesqueros. España es, a pesar de las costas que posee y de la idoneidad de su litoral para la práctica acuícola, uno de los países más deficitarios y el principal importador de la UE.
En 2014, según explicó el jefe de la Unidad de Mercados de la DG Mare, Christian Rambaud se llegaron a importar productos pesqueros por valor de 21.029 millones de euros frente a exportaciones de 4.348 millones de euros.
En España en 2014, según datos del Instituto Español de Comercio Exterior (ICEX), se importaron productos pesqueros por valor de 2.093,8 millones de euros frente a exportaciones por 1.772 millones de euros.
Paradójicamente, la acuicultura es el principal proveedor de productos pesqueros. Dentro de las preferencias de los consumidores europeos el salmón es la estrella. Y en el caso particular de España el salmón está a la cabeza y creciendo, y a continuación le siguen el pulpo, el pez espada o los crustáceos como los langostinos.

