La harina de insecto se ha presentado durante la última década como una de las alternativas más prometedoras para reducir la dependencia de la harina de pescado y de algunas materias primas vegetales en los piensos acuícolas. Sin embargo, un nuevo informe del Stockholm Environment Institute (SEI) introduce una lectura más prudente sobre su papel dentro de la transición hacia proteínas más sostenibles.
El informe, titulado Rethinking insects as alternative protein, analiza la producción comercial de insectos en países de renta alta del hemisferio norte y concluye que el sector “frecuentemente se queda por debajo de su promesa teórica” cuando se evalúan sus impactos ambientales, su escalabilidad y sus efectos indirectos sobre los sistemas ganaderos y acuícolas.
La cuestión, según el documento, no es si los insectos pueden ser útiles, sino bajo qué condiciones lo son realmente.
Según el informe, las evaluaciones de ciclo de vida muestran una gran variabilidad. En climas templados, las emisiones asociadas a la producción de insectos pueden situarse entre 3 y 35,5 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína, con una mediana aproximada de 13,5 kg de CO₂ equivalente.
Aunque estos valores son inferiores a los de la carne de vacuno, el informe subraya que, en piensos acuícolas, la comparación más relevante no siempre es con la carne, sino con ingredientes como la soja o la harina de pescado.
Especies como la mosca soldado negra o el gusano de la harina presentan interés por su eficiencia biológica, su ciclo de vida rápido y su capacidad para transformar determinados flujos orgánicos en proteína.
Sin embargo, las ventajas no son automáticas ya que dependen del tipo de sustrato, la energía consumida y el ingrediente realmente sustituido.
El documento advierte que cualquier posible ventaja como ingredientes en piensos acuícolas no es automática y depende de la especie de insector,
Una evaluación reciente citada en el informe para piensos en Reino Unido estima que la harina de insecto puede presentar un impacto climático de 12,9 a 30,1 kg de CO₂ equivalente por kilogramo de proteína, entre 5,7 y 13,5 veces superior al de la harina de soja y entre 1,8 y 4,2 veces superior al de la harina de pescado en los escenarios analizados.
La energía utilizada en el proceso de crianza, alimentación, procesado en materia prima y secado es otro factor clave a tener en cuenta. Por ello, la harina de insecto puede tener sentido como ingrediente funcional o complementario, pero no necesariamente como sustituto masivo y ambientalmente superior de la harina de pescado o de la soja.
También se debe seguir avanzando en bioseguridad, biodiversidad y bienestar animal.
En definitiva, el informe considera que la sostenibilidad de la harina de insecto debe evaluarse caso por caso y deben demostrar precio, escala, trazabilidad y resultados medibles en granja.
Sobre el Stockholm Environment Institute
El Stockholm Environment Institute (SEI) es un instituto internacional de investigación sin ánimo de lucro especializado en clima, medio ambiente y desarrollo sostenible. Con sede principal en Estocolmo y centros en distintas regiones del mundo, trabaja en la generación de conocimiento, herramientas y capacidades para apoyar la toma de decisiones públicas y privadas en materia de sostenibilidad.

