Erik Malta durante el XVIII CNA |@misPeces
El Parque Natural de la Bahía de Cádiz puede ser el perfecto escenario para el emprendimiento relacionado con el cultivo y aprovechamiento de las algas. Los expertos consideran que estamos en un buen momento para hacer crecer el cultivo de algas verdes y rojas en este entorno a raíz de los resultados que se han ido obteniendo en los últimos años.
Uno de los mayores descubrimientos en este sentido es el del comportamiento del microbioma en distintas condiciones de cultivo. En este sentido, el investigador jefe del Departamento de Investigación Aplicada del Centro Tecnológico de Acuicultura de Andalucía (CTAQUA), Erik Malta avanzó durante su participación en el XVIII Congreso Nacional de Acuicultura los resultados de los primeros análisis realizados en el mejor conocimiento de la comunidad microbiana del talo del alga – el equivalente en plantas terrestres con la hoja.
Según lo observado en un estudio, en el marco del proyecto H2020 SIMBA, existe una clara diferencia entre el microbioma del alga y el del agua circundante. Esto quiere decir que, a pesar de estar en contacto directo con el medio acuático, se produce una simbiosis particular entre el alga y la flora bacteriana de su talo.
Como explicó Malta, el equipo de CTAQUA cultivó las macroalgas bajo tres condiciones diferentes y fue tomando muestras de la flora bacteriana del agua y de las algas para establecer las variaciones y la composición.
Según señala el investigador, “vemos claramente que las comunidades que crecen en las algas son muy diferentes a las del agua circundante. Esto indica que la superficie de las algas forma su propio entorno con condiciones específicas que seleccionan una comunidad bacteriana muy distinta”. También, añade, hay diferencias considerables entre las comunidades bacterianas según las distintas condiciones de cultivo.
Otro resultado destacable, añade, es que estas comunidades no son estáticas, sino que cambian con el tiempo. "Para los cultivos que se desarrollan en el exterior, como esteros o tanques, esto es previsible. Las condiciones, como la luz y la temperatura, cambian naturalmente con las estaciones, por lo que es de esperar que eso tenga un efecto en las comunidades bacterianas. Sin embargo, lo que no esperábamos era que esta dinámica también se produjera en las condiciones constantes de cultivo en la cámara de algas”.
Durante mucho tiempo se ha sabido que las bacterias juegan un papel importante en el crecimiento y desarrollo de las algas; no obstante, es ahora cuando se están comenzando a identificar las especies bacterianas involucradas en este proceso. En el proyecto SIMBA se ha caracterizado el efecto del microbioma asociado al crecimiento y la composición de las algas marinas, sus cambios a lo largo del tiempo y su relación potencial con las condiciones de cultivo.
Estos primeros resultados son muy interesantes. El siguiente paso es analizar los datos de manera aún más exhaustiva para ver si existe una correlación entre la composición de las comunidades bacterianas y el crecimiento y/o la composición bioquímica de las algas. "La idea es que esto nos permita determinar qué especies bacterianas tienen un efecto positivo y quizás negativo en el crecimiento de las algas", explica. El objetivo final es definir una especie de comunidad bacteriana mínima que tenga un efecto positivo sobre el crecimiento de las algas y que podamos utilizar en su cultivo", concluye Erik Malta.
El proyecto SIMBA ha recibido financiación del programa de investigación e innovación Horizonte 2020 de la Unión Europea en virtud del acuerdo de subvención nº 818431 (SIMBA).

