Dinamarca 5/07/2019 – La búsqueda de nuevos ingredientes que incluir en la alimentación en acuicultura ha llevado a los fabricantes de piensos a abordar de manera intensa la posibilidad de incorporar tanto el krill como los insectos a la dieta. Dos ingredientes que pueden llegar a generar controversia entre los consumidores por razones distintas, pero que están muy cerca de convertirse en ingredientes habituales en las dietas de los peces.
En el caso del krill, un recurso silvestre abundante en el Antártico y de gran valor nutricional en acuicultura por sus aportes nutricionales y saludables, y ser fuente natural de carotenoides, existe cierta controversia por cómo se debe abordar la explotación, ya que juega un papel importante en la cadena de valor de especies diversas que van desde pequeños crustáceos, a peces, pingüinos y ballenas.
La propuesta de los ambientalistas es la de crear una reserva marina donde no se pueda extraer este crustáceo y planes de gestión de su pesca.
Por otra parte, están los insectos, un buen ingrediente sustituto de la harina de pescado que permitiría la reducción de la proporción Fish in Fish out (FiFo). Hasta ahora las intensivas pruebas realizadas en los últimos cinco años muestran cómo pueden llegar a ser una materia prima prometedora.
Los primeros peces alimentados con harina de insecto ya han sido comercializados con éxito, aunque en este caso, el limitante se encuentra en la falta actual de volúmenes suficientes para que sean una opción económicamente viable, lo que no impide que granjeros y el mercado estén impulsando la innovación y la aceptación de esta nueva materia prima.
Tanto en el caso del krill como de los insectos, a lo largo de los próximos años se comenzarán a ver cada vez más productos acuáticos alimentados con ambas materias primas, y serán los consumidores los que deberán tener la última palabra sobre la evolución que deberán tener en los mercados estos pescados y mariscos.

