Mundial 31/12/2014 – La acidificación de los océanos sería la principal causa de mortalidad en bivalvos según un estudio de la Universidad de Oregón en Estados Unidos y en el que participa la gallega Iria Giménez de Sada.
Ya poca gente duda de los efectos nocivos sobre la atmósfera y los océanos de las emisiones de CO2 producto de la quema de combustibles fósiles. Uno de ellos, y quizá poco estudiado y conocido es el de la acidez del mar.
Los moluscos bivalvos son uno de los grandes perjudicados de este aumento de la acidez producto de los bajos niveles de carbonato en el agua que provoca que en el estado larval no puedan generar la primera concha produciéndose consecuentemente mortalidades masivas, especialmente en el Pacífico, desde Chile hasta Canadá.
Los resultados de la investigación de la Universidad de Oregón se han publicado en la revista Nature Climate Change en un artículo titulado “Saturation-state sensitivity of marine bivalve larvae to ocean acidification”.
Este proceso ocurre en las primeras 24 horas y se convierte en un momento crítico en la vida de moluscos de importancia comercial como los mejillones. Según explicaba recientemente Iria Giménez, “las larvas tienen que formar su concha tan rápido que el proceso es muy costoso en términos de energía. Si la composición química del agua de mar es desfavorable, el gasto energético todavía es mayor, complicando la supervivencia del organismo”.
La saturación de carbonato en agua del mar es uno de los indicadores que más se relacionan con el cambio climático ya que los océanos absorben el dióxido de carbono de la atmósfera que se asocia con el calcio del agua depositándose en el fondo del océano, dejando menos disponibilidad para los moluscos.
La acidificación de los océanos es un proceso vertiginoso con consecuencias devastadoras si se compara con el pH o las emisiones de CO2. Sin embargo, están relacionadas con las emisiones de gases a la atmosfera por el proceso de quema de combustibles fósiles. Si esto continua así, avanzan en el estudio, es previsible que en un futuro cercano la semilla de ostras y mejillones deberá tener una procedencia acuícola.

