La acuicultura europea no necesita esperar a que aparezcan nuevas tecnologías para comenzar a reducir de forma sustancial sus emisiones de gases de efecto invernadero. Las herramientas existen y su adopción es técnicamente posible, pero trasladarlas a las explotaciones exige superar barreras económicas, regulatorias y de mercado.
Este fue uno de los principales mensajes de Callum Howard, Senior Consultant de MRAG, durante su intervención en Aquaculture Europe 2026 (AE2026) en Liubliana, Eslovenia, donde abordó los costes y las posibles vías hacia una acuicultura europea climáticamente neutra.
En sus conclusiones fue explícito: “las herramientas existen” y no es necesario esperar a que aparezca una solución tecnológica completamente nueva.
El análisis presentado por Howard contempla las emisiones asociadas a diferentes sistemas productivos y al conjunto de la cadena, desde la fabricación y transporte de los piensos hasta la energía, logística y operaciones de las granjas.
Uno de los puntos críticos está precisamente en la alimentación, que representa más de la mitad de las emisiones estimadas, lo que sitúa la descarbonización de los ingredientes y materias primas entre las principales palancas de actuación.
A ello se suma la necesidad de mejorar la eficiencia energética y acelerar la transición hacia fuentes de energía con menor huella de carbono.
Las soluciones planteadas abarcan desde energías renovables, digitalización y eficiencia energética hasta ingredientes de menor huella, mejora genética orientada a eficiencia y resiliencia e integración multitrófica (IMTA).
Howard añadió dos condiciones que van más allá de la tecnología: estimular el mercado y el conocimiento del consumidor sobre productos acuícolas bajos en carbono y disponer de un marco regulatorio sólido que agilice las licencias, de manera que las soluciones puedan pasar de la demostración a su aplicación comercial.
El problema es que viabilidad técnica no significa necesariamente viabilidad económica.
Los escenarios analizados sitúan los costes marginales de reducción entre 46 y 243 euros por tonelada de CO₂ equivalente para 2026-2030, dependiendo del sistema y de las medidas aplicadas, y entre 69 y 228 euros por tonelada en 2050.
Además, las tecnologías y mejoras operativas pueden conseguir reducciones importantes, pero no eliminarían por sí solas todas las emisiones residuales, especialmente en un escenario de crecimiento de la producción acuícola europea.
El planteamiento desplaza así parte del debate climático desde qué tecnología falta hacia cómo conseguir que las soluciones existentes lleguen efectivamente a las explotaciones.
Para Howard, la transición requiere actuar simultáneamente sobre energía, piensos, eficiencia, genética, digitalización, mercado y regulación. Los productores estarán, además, en primera línea frente a los efectos del cambio climático, mientras que el resto de la cadena deberá contribuir proporcionando las herramientas y el conocimiento necesarios para facilitar esa transformación.
La cuestión para la acuicultura europea, por tanto, ya no es únicamente cuánto puede reducir técnicamente sus emisiones, sino cómo financiar, regular y trasladar esas soluciones a una producción comercialmente viable. El camino hacia el Net Zero dependerá tanto de las decisiones dentro de las granjas como de la descarbonización de sectores proveedores —especialmente energía y alimentación— y de que el entorno económico y regulatorio permita convertir las tecnologías disponibles en soluciones aplicadas a escala productiva.

