Juveniles anchoveta /Ángel Perea
Roma 9/01/2017 – La harina y el aceite de pescado son los mejores ingredientes que podemos encontrar para la alimentación acuícola actual por su balance nutricional. Sin embargo, a medida que la acuicultura siga creciendo en volumen, será más necesario incorporar nuevos ingredientes a la dieta de peces y crustáceos para satisfacer esta demanda, pues la oferta seguirá, mas o menos estable en los 5 millones de toneladas de harina y 1 millón de toneladas de aceite de pescado.
Y es que, a pesar que ya se incorporan más de 30 ingredientes en la dieta de peces y crustáceos, la mayoría de estos son de procedencia terrestre y muy pocos son de origen marino. Y los que se están probando, suelen ser caros o no tan buenos nutricionalmente hablando como los de procedencia silvestre.
Con los subproductos de la industria transformadora de la pesca ocurre algo parecido. A pesar de que es una gran incorporación, que ya representa entre el 25 y el 25 por ciento de la harina y aceite de pescado que se usa en el mundo, su calidad varia en función de la procedencia.
Aunque la sustitución es prácticamente posible en la fase de engorde de las principales especies dependientes de harina y aceite de pescado, no es menos cierto que todavía se necesitan mejorar estas dietas para que no se vea comprometido el rendimiento, y los peces tengan un sistema inmunitario fuerte.
En el alevinaje, el reemplazo de harina y aceite de pescado es más difícil y crítico, y su sustitución está todavía lejana por los mayores requerimientos de los peces en esta fase de cría de EPA y DHA. La proporción estándar en una dieta de alevines de peces marinos se sitúa aun en un 50 por ciento para la harina y 20 por ciento para el aceite.
Como ingrediente marino sustituto más prometedor, el que actualmente toma más fuerza es el krill del Antártico (Euphausia superba) cuyo EPA y DHA (Omega3), en una proporción de 2 a 1, se obtiene en forma de fosfolípido y no como trigicérido, lo que da lugar a niveles tisulares más altos.
Las capturas de krill, según datos aportados por la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marino Antárticos alcanzaron en 2014 casi 300.000 toneladas métricas.
La harina de krill se puede utilizar como un sustituto de las harinas de pescado regulares en las dietas de varias especies de criadero, pero dado el precio de este ingrediente se utiliza generalmente como un aditivo de alto valor para la alimentación acuícola más que como su ingrediente principal.
Otras alternativas pasan por incorporar ingredientes de microalgas o del copépodo (Calanus finmarchicus); sin embargo el precio y la disponibilidad en volumen siguen siendo un limitante.

