UNIÓN EUROPEA | CONSUMO

La caída del consumo de pescado en la UE no se explica solo por el precio: la oferta y el retail están redefiniendo qué especies llegan al consumidor

Bruselas, 21/07/2026 | EUMOFA identifica un desplazamiento desde el consumo semanal hacia ocasiones más esporádicas y advierte de que la conveniencia, la disponibilidad durante todo el año y las estrategias de la gran distribución están concentrando el mercado en menos especies

Expositor de dorada y lubina en supermercado

El consumo aparente de productos de la pesca y la acuicultura en la Unión Europea descendió hasta 10,25 millones de toneladas equivalentes en peso vivo en 2023, su nivel más bajo de la última década. La cifra supone una reducción del 21% frente a los 12,94 millones de toneladas calculados en 2014.

El consumo aparente por habitante también bajó, aunque con menor intensidad, desde 25,5 hasta 22,9 kilos. El descenso no fue uniforme: España y Francia se mantuvieron entre los grandes mercados, pero siguieron una trayectoria descendente, mientras Italia, Polonia, Rumanía y Eslovaquia registraron aumentos o una mayor resistencia.

EUMOFA interpreta esta evolución como algo más complejo que una simple pérdida de demanda. El cambio más consistente es la reducción de la frecuencia, especialmente dentro del hogar. Entre 2016 y 2024, la proporción de europeos que declaró consumir productos pesqueros en casa al menos una vez por semana bajó del 40% al 29%.

La transformación está vinculada a generaciones con menor familiaridad culinaria, menos tiempo para cocinar y mayores expectativas de conveniencia. Crece así la demanda de productos porcionados, envasados, limpios, listos para cocinar o preparados para el consumo. Esta evolución favorece a especies con abastecimiento previsible y una amplia gama de presentaciones, como salmón, atún y langostino.

Sin embargo, la conveniencia también está estandarizando la oferta. Los supermercados e hipermercados elevaron su penetración del 73% en 2016 al 79% en 2024, mientras los mercados tradicionales perdieron 12,3 puntos y quedaron en torno al 14%. Las grandes cadenas tienden a priorizar especies con suministro estable, precios gestionables y volúmenes suficientes para promociones y distribución permanente.

Esta estructura ayuda a explicar por qué el mercado europeo depende crecientemente de un número limitado de especies importadas o producidas en acuicultura. Alrededor del 70% de los productos consumidos en la UE procede de las importaciones. Entre 2014 y 2023, la producción comunitaria conjunta de pesca y acuicultura cayó un 37%, mientras las importaciones disminuyeron solo un 4%.

La diferencia entre consumo y producción es especialmente marcada en las especies líderes. La autosuficiencia europea se sitúa en aproximadamente el 1% para salmón, el 0% para abadejo de Alaska, el 5% para bacalao y el 11% para langostinos. En cambio, alcanza el 74% en mejillón y dorada, el 84% en trucha y el 87% en caballa. Pese a ello, las seis especies de mayor consumo presentan, salvo el mejillón, una elevada dependencia exterior.

El precio se convirtió en 2024 en el criterio de compra más mencionado, citado por el 55% de los consumidores, por delante de la apariencia y frescura, con un 52%, y del origen, con un 46%. La facilidad de preparación alcanzó el 25%, mientras las consideraciones ambientales, sociales y éticas quedaron en el 17%.

No obstante, el encarecimiento de pescado y marisco desde 2015 fue similar al de la carne: alrededor del 45% en ambos casos hasta 2025, frente al 49% de leche, queso y huevos. Esto refuerza la conclusión de EUMOFA de que el precio es determinante, pero insuficiente. Productos relativamente caros, como el salmón, mantienen una demanda elevada cuando combinan imagen saludable, disponibilidad, facilidad de uso y una presencia constante en el comercio.

También existe una distancia entre las preferencias declaradas y las compras reales. En 2024, un 36% de los consumidores afirmó preferir producto salvaje, un 31% no mostró preferencia y solo un 8% eligió expresamente el producto de acuicultura. Sin embargo, varias especies acuícolas ocupan posiciones centrales en el consumo europeo, lo que indica que disponibilidad, formato y precio pueden pesar más que la preferencia expresada en una encuesta.

El estudio no demuestra una relación causal única. Combina balances de consumo aparente, estadísticas nacionales, cuatro ediciones del Eurobarómetro, revisión bibliográfica y 28 entrevistas realizadas en seis Estados miembros. Sus conclusiones permiten identificar tendencias consistentes, pero algunas explicaciones, como la sustitución del pescado por pollo entre consumidores sensibles al precio, proceden principalmente de consultas con operadores y cuentan con un respaldo académico más limitado.

La lectura empresarial es que el mercado no se recuperará únicamente mediante campañas genéricas que animen a comer más pescado. La producción y la distribución deberán reducir barreras prácticas, conservar diversidad, ofrecer precios y porciones comprensibles y evitar que la conveniencia termine concentrando todo el crecimiento en unas pocas especies globales.

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