Ankara 11/09/2018 - La difícil situación en la que se encuentra la economía turca podría estar pasando factura a los productores locales de dorada y lubina, que de manera añadida estarían sometidos a la presión de los mercados por los bajos precios.
Una inflación galopante del 18 por ciento en agosto – el máximo de los últimos 15 años - y la caída de la cotización de la moneda turca que cayó un 20 por ciento frente al dólar, ha provocado el pánico en los mercados. A esta situación hay que añadirle la situación política convulsa.
La tormenta financiera llega en un momento clave para los productores turcos que en los últimos años han realizados grandes inversiones en criaderos y granjas de engorde para expandir sus mercados que no han sido precedidos de una demanda del mercado equivalente. Esto ha tenido como consecuencia una caída de los precios en los últimos meses.
La bajada de la moneda suele beneficiar a las exportaciones y perjudicar a las importaciones. Esto significa que los granjeros más afectados son aquellos que venden su producción en el mercado local y están más expuestos a los riesgos económicos y políticos. Ya hay quien cifra en “pérdidas millonarias” para los empresarios turcos locales.
La lectura al futuro que se hace de la situación anima a pensar que ante este escenario no es probable que aumente la siembra de juveniles de dorada y lubina, y consecuentemente, no se espera que haya un aumento de la producción en los próximos años e incluso cabría la posibilidad de que en un futuro haya menos pescado turco en el mercado.
Además, las dificultades de las empresas de pequeño y mediano tamaño provocarán una consolidación de la oferta, ya sea a fondos de inversión u otros productores de mayor tamaño. Y todo esto con la vista puesta en la consolidación de la industria griega.

