La disponibilidad mundial de harina y aceite de pescado vuelve a convertirse en uno de los principales factores de tensión para la industria acuícola. La evolución de la primera temporada de anchoveta en Perú y las restricciones productivas en China están condicionando la oferta internacional de ingredientes marinos en un momento en el que la acuicultura sigue dependiendo de ellos para mantener rendimiento productivo, estabilidad nutricional y eficiencia alimentaria.
Según el último informe de mercado publicado por IFFO, la campaña peruana avanza con lentitud debido a la elevada presencia de juveniles y a las medidas de gestión preventiva asociadas a las condiciones de El Niño costero. El 27 de mayo, las autoridades ampliaron hasta el 10 de junio la prohibición de pesca en la zona centro-norte del país, principal área extractiva de anchoveta para la producción mundial de harina y aceite de pescado.
Perú representa alrededor del 20% de la producción global de estos ingredientes en un año normal, por lo que cualquier alteración en la campaña tiene un efecto inmediato sobre la percepción de disponibilidad y sobre las estrategias de compra de fabricantes de pienso acuícola.
El contexto llega además después de un inicio de año especialmente débil para la harina de pescado. IFFO informó de que la producción acumulada del primer trimestre de 2026 cayó un 28% respecto al mismo periodo de 2025, mientras que solo en marzo el descenso interanual alcanzó el 38%.
El aceite de pescado mostró un comportamiento más resistente, aunque también registró una caída acumulada del 12% durante el primer trimestre.
La presión no procede únicamente de Perú. En Chile, las capturas acumuladas y la producción de harina de pescado continúan significativamente por debajo del año anterior, pese a la estabilidad en la disponibilidad de subproductos procedentes de la industria salmonera.
En Estados Unidos, la campaña de menhaden del Golfo ha comenzado con mejores perspectivas que en 2025, mientras que la temporada atlántica arrancará previsiblemente en junio. En el norte de Europa, la actividad pesquera de merlán azul se está reduciendo al acercarse el final de la campaña principal en Islandia y Noruega, mientras Dinamarca continúa reportando capturas débiles de lanzón y espadín.
China mantiene limitada su producción nacional
El otro gran foco de atención del mercado está actualmente en China, uno de los principales consumidores mundiales de ingredientes marinos para alimentación animal y acuicultura.
Desde la entrada en vigor de las vedas pesqueras el pasado 1 de mayo, la producción nacional china de harina y aceite de pescado depende principalmente del pescado congelado acumulado antes de la moratoria y de los subproductos generados durante el procesamiento industrial.
IFFO señala que, pese a estas restricciones, la producción china acumulada durante los cuatro primeros meses de 2026 superó la del mismo periodo del año anterior, apoyada tanto en una oferta ajustada como en una cierta recuperación de la demanda interna.
La situación china resulta especialmente relevante para el sector acuícola internacional porque condiciona tanto las necesidades de importación como la presión sobre otras materias primas utilizadas en formulación.
En paralelo, los precios de la harina de soja han mostrado recientemente una tendencia bajista debido a la sobreoferta y a una demanda más débil del sector de piensos, mientras que el maíz ha mantenido una evolución relativamente estable.
Según datos de la Aduana china citados por IFFO, las importaciones de soja alcanzaron 25,15 millones de toneladas entre enero y abril de 2026, un 8,5% más que en el mismo periodo del año anterior.
Un factor crítico para la competitividad acuícola
Para la industria acuícola, la evolución de Perú y China vuelve a demostrar que los ingredientes marinos siguen siendo una variable crítica para la competitividad de la producción.
Aunque la formulación acuícola avanza hacia una mayor incorporación de proteínas vegetales, subproductos, ingredientes funcionales y nuevas fuentes alternativas, la harina y el aceite de pescado continúan desempeñando un papel central en términos de digestibilidad, palatabilidad, estabilidad fisiológica y rendimiento productivo.
El escenario actual obliga a fabricantes de pienso y productores a gestionar con mayor precisión el riesgo de suministro y la volatilidad de costes, especialmente en especies intensivas como salmónidos, dorada, lubina o langostino.

