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La industria ante el reto de sustituir los ingredientes marinos silvestres en el alimento acuícola

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EEUU 20/09/2019 – La multinacional de la alimentación acuícola, Skretting Group, que fabrica un tercio de todo el alimento de salmón que se consume en el mundo, considera que en 2022 estará en disposición de utilizar 100.000 TM de nuevos ingredientes para la elaboración de sus piensos en sustitución de los tradicionales ingredientes marinos a base de harina y aceite de pescado.

Estaríamos, por tanto, en los comienzos de una verdadera revolución acuícola, donde los proveedores de alimentos se irían desprendiendo poco a poco de la dependencia a las capturas silvestres de peces pelágicos.

En esta estimación, toma importancia el empleo de harina de insecto, cuyos buenos rendimientos en la sustitución de la harina ya han sido estudiados en profundidad. Sin embargo, este no es el gran reto de la industria, ya que lo importante es encontrar aceites con capacidad para proporcionar a los organismos acuáticos lípidos poliinsaturados con Omega3, algo que solo es fácil encontrar en el ambiente marino.

Por una parte, hasta ahora los ingredientes incorporados de manera convencional a la alimentación acuícola ha sido terrestre, ya sea de origen vegetal o subproducto de la producción animal; y como es sabido, carente de ácidos grasos poliinsaturados Omega3, esenciales tanto para la buena salud animal, como deseados nutricionalmente por los consumidores.

Las opciones, además de los insectos, pasan por las microalgas y las bacterias, o la modificación genética de las plantas terrestres, como sería el caso de la canola, que tras ser modificada genéticamente es capaz de producir altos niveles de ácido docosahexaenoico (DHA), uno de los principales ácidos grasos Omega3.

Cada una es prometedora por si sola, pero también cada una tiene todavía retos que solventar para poder aportar el volumen a costes razonables requeridos por la industria. En el caso de las proteínas procedentes de bacterias, el problema se presenta tanto por el precio del metano como por la peligrosidad de trabajar con este gas.

Por su parte, una manera más sostenible de producir aceite marino rico en Omega 3 y sin necesidad de modificación genética pasa por la producción a gran escala de microalgas, aunque los costes actuales ya vienen avisando desde la industria duplican a los ingredientes marinos de origen silvestre. A lo que hay que añadir que la escala sigue siendo un desafío importante.

Así, por tanto, a modo de resumen podríamos decir que tenemos la posibilidad de usar la modificación genética, la producción de insectos, el cultivo de microalgas y bacterias. Ahora el reto es hacerlo a costes competitivos y en volúmenes suficientes.

En este escenario, los países de la Unión Europea están retrasados en lo que respecta a la modificación genética, ya que las reglas no permiten una adecuada investigación, tal y como sí se está produciendo en EEUU, Australia y otros países, y quizá está en línea a lo que está sucediendo en otros países en lo que respecta a la cría de insectos y el cultivo de microalgas fototróficas, pero no en lo que respecta a las heterotróficas, que son realmente las competitivas en precios.

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