La industria de ingredientes marinos está redefiniendo la forma en que comunica su papel. El foco ya no está en justificar el uso de harina y aceite de pescado en los piensos de acuicultura, sino en explicar por qué es necesario integrarlos mejor en un sistema alimentario global cada vez más exigente.
Esta ha sido una de las principales conclusiones extraídas de la Reunión de Miembros de IFFO 2026, celebrada en Madrid y a la que han asistido más de 270 delegados de 35 países.
Durante años, el sector respondió a la presión mediática y regulatoria con argumentos que, en muchos casos, eran reactivos y difíciles de comparar. Ese posicionamiento está cambiando hacia un enfoque basado en ciencia, métricas comunes y una visión más amplia del papel de la acuicultura en la seguridad alimentaria global.
Este cambio ha quedado patente en el bloque científico. Las evaluaciones globales de stocks pesqueros indican que, en términos generales, las poblaciones se mantienen estables y, en el caso de los pequeños pelágicos, incluso por encima del rendimiento máximo sostenible. Como señaló el experto en pesquerías Ray Hilborn durante el encuentro, estos recursos se sitúan, de media, “muy estables y por encima de los niveles de rendimiento máximo sostenible”, lo que refuerza la importancia de una gestión basada en evidencia.
Sin embargo, este escenario relativamente estable introduce un matiz clave. El cambio climático ya está alterando tanto la productividad como la distribución de los recursos, lo que obliga a avanzar hacia modelos de gestión más adaptativos.
En paralelo, el debate sobre sostenibilidad también evoluciona. Cada vez hay más consenso en que plantear la sustitución completa de ingredientes marinos por alternativas es un enfoque simplista e incluso contraproducente. Sustituirlos por fuentes terrestres, por ejemplo, podría trasladar la presión a otros sistemas con impactos ambientales potencialmente superiores.
Como explican los expertos, no existe una solución sin costes, y la eficiencia en la conversión de recursos en alimento nutritivo se consolida como el indicador clave.
La nutrición de precisión redefine la formulación
En el ámbito de los piensos, este cambio se traduce en una apuesta creciente por la nutrición de precisión. El foco ya no está solo en los ingredientes, sino en diseñar dietas adaptadas a las necesidades específicas de cada especie, fase de crecimiento y condición productiva.
Este enfoque conduce a formulaciones más complejas, en las que los ingredientes marinos siguen desempeñando un papel central por su funcionalidad, más allá de su valor como fuente de proteína o lípidos.
El límite estructural, sin embargo, se mantiene: la disponibilidad. La oferta limitada de harina y aceite de pescado obliga a integrar otras fuentes, desde subproductos animales hasta proteínas unicelulares o ingredientes circulares.
El reto es que muchas de estas alternativas, aunque prometedoras, presentan mayores huellas ambientales o dificultades de escalado, lo que cuestiona su viabilidad a nivel industrial.
Trazabilidad, límites y nuevo equilibrio
Más allá de la formulación, uno de los puntos más sensibles abordados durante el encuentro ha sido la trazabilidad, especialmente en productos complejos como los aceites mezclados.
Como advirtió Jorge Díaz Salinas, de Skretting, el uso creciente de formulaciones que combinan distintos aceites dificulta el seguimiento del origen, la certificación y la composición real de los ingredientes a lo largo de la cadena de valor.
Esta falta de transparencia introduce no solo incertidumbre técnica, sino también un riesgo reputacional estructural. Si la presencia de ingredientes marinos en estos productos no se declara correctamente, las afirmaciones de sostenibilidad se vuelven difíciles de verificar, lo que puede erosionar la confianza en todo el sistema y penalizar a quienes operan de forma responsable.
En este contexto, la trazabilidad deja de ser una cuestión de cumplimiento para convertirse en un elemento estratégico. La capacidad de demostrar qué se utiliza y de dónde procede pasa a ser tan relevante como la propia formulación.
Todo ello se produce en un entorno de crecimiento más moderado de la acuicultura en algunas regiones y de creciente complejidad en los mercados. Ante este escenario, la industria parece asumir una nueva realidad: el futuro pasa por gestionar un equilibrio dinámico entre disponibilidad, rendimiento y sostenibilidad.
Como se destacó en los debates, la sostenibilidad no puede plantearse como una elección entre ingredientes marinos o alternativos, sino como una combinación de todos ellos en función del contexto y su rendimiento.
En definitiva, el mensaje que emerge de Madrid es claro: menos ideología y más pragmatismo. Ya no se trata de defender los ingredientes marinos, sino de demostrar —con datos— que forman parte de la solución.

