Sello nacional Crianza de Nuestros Mares /@misPeces
Mundial 21/06/2018 – Cada vez que nos sentamos en un restaurante a degustar una dorada o una lubina, las probabilidades de que éstas sean de acuicultura es del 96 por ciento; algo similar a lo que ocurre con el salmón, con el rodaballo o con los langostinos, entre las numerosas especies que ya se crían en el mundo.
Afortunadamente esto es así gracias al esfuerzo de los granjeros del mar que, día a día, hacen posible alimentar a un mundo que demanda productos acuáticos sostenibles, seguros y de calidad.
Y es que, según datos oficiales, en 2017, la producción de dorada y lubina de acuicultura mundial alcanzó las 399.895 TM, de las cuales, 192.737 TM fueron de lubina y 207.158 TM de dorada.
En España, además, tenemos muchas probabilidades de que estas doradas o lubinas sean importadas, ya que con nuestra producción actual de 34.912 TM de ambas especies, nos vemos incapaces de satisfacer la demanda de un mercado nacional de 49.500 TM.
Al déficit que ya de por sí existe, y que nos obligaría a importar 14.588 TM para cubrir esta demanda, tenemos que añadir el hecho de que exportamos 13.400 TM de la dorada y la lubina, el 38 por ciento, que se destina, principalmente, a los mercados de Portugal, Francia o Italia capaces de pagar un buen precio por un producto de calidad, lo que abre aún más la brecha entre demanda y oferta nacional.
Esta diferencia entre lo que exportamos y lo que producimos nos obliga a importar, por tanto, más del 50 por ciento de la dorada y la lubina que consumimos, que procede principalmente de granjas de Grecia y de Turquía.
Mientras, todo esto está ocurriendo en un entorno de estancamiento de la producción y de precios en nuestro país.

