La acuicultura española vive un momento claroscuro. Aunque la producción total ha retrocedido en volumen, el sector ha logrado aumentar su valor económico gracias al dinamismo de la cría de peces. Así lo confirma el informe “La acuicultura en España: evolución de las principales cifras estructurales y socioeconómicas”, elaborado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y publicado el pasado mes de septiembre.
Según el informe, la producción acuícola nacional en 2023 alcanzó las 243.000 toneladas, lo que supone un 16,2 por ciento menos que la media de los últimos cinco años. A pesar de esta reducción, el valor económico de la producción se situó en 805,9 millones de euros, con un incremento de 21,6 por ciento. El contraste entre la caída en cantidad y el crecimiento en valor se explica en buena medida por el papel protagonista de los peces, que ya representan el 81 por ciento del valor total de la acuicultura española, aunque solo suponen el 35 por ciento del volumen producido.
La piscicultura marina impulsa el sector con un crecimiento de 19% en volumen y 27% en valor. En 2023, la producción alcanzó las 66.542 toneladas, superando en casi una quinta parte la media del último quinquenio, mientras que su valor económico creció todavía más, con un alza del 27,1 por ciento, consolidando a los peces marinos como el motor principal de la acuicultura española.
Especies marinas de alto valor como la lubina y el atún rojo del Atlántico refuerzan el peso global del sector, aportando entre ambas casi la mitad del valor total de la acuicultura española.
Mientras, la producción de trucha arcoíris consolida el liderazgo continental con un alza del 36% en valor. En 2023 se alcanzaron 17.894 toneladas, lo que supone un ligero incremento en volumen, pero un salto destacado en términos económicos, con 78,8 millones de euros generados.
La contraparte viene de los moluscos que se desploman un 27% en volumen, lastrado por la caída del mejillón de Galicia hasta situarse en 158.248 toneladas. El informe apunta a factores medioambientales, como el aumento de la temperatura del agua y las condiciones hidrodinámicas de las rías gallegas, como causas determinantes de este retroceso.
La serie histórica muestra que el sector alcanzó su máximo productivo en 2018 con 319.000 toneladas. Desde entonces, la tendencia ha sido descendente en cantidad, con caídas interanuales acusadas en 2020 y 2023. Sin embargo, el valor económico ha seguido una trayectoria ascendente, con un máximo histórico en 2022 que superó los 808 millones de euros. Estos datos sitúan a España como el primer productor acuícola de la Unión Europea en volumen y el segundo en valor, solo por detrás de Francia.
El informe también refleja tensiones económicas y laborales
La renta de la acuicultura descendió en 2023 un 26,6 por ciento respecto al año anterior, mientras que la productividad del trabajo, medida en renta por UTA, cayó en una proporción similar. El empleo directo se redujo hasta las 8.209 personas, lo que supone un 39,5 por ciento menos que la media de los últimos cinco años.
Para los profesionales del sector, el mensaje es claro: la base tradicional de la acuicultura española, sustentada en los moluscos, pierde fuerza, mientras que la producción de peces gana protagonismo y aporta estabilidad al valor económico. El desafío inmediato pasa por consolidar esta tendencia en un contexto marcado por el aumento de los costes de producción, la caída del consumo interno y los efectos del cambio climático en las zonas de cultivo.
En la acuicultura marina, el crecimiento en la producción de peces no fue suficiente para compensar el retroceso de los moluscos, que concentran gran parte del empleo en Galicia. La fuerte caída en el cultivo de mejillón explica buena parte de la reducción de puestos de trabajo y de la renta generada.
La acuicultura continental, por el contrario, mostró un comportamiento más equilibrado. La trucha arcoíris mantuvo volúmenes estables y registró un incremento del 36 por ciento en valor, lo que ayudó a amortiguar parcialmente la pérdida de productividad y empleo, aunque con un impacto limitado en el total de ocupados dada su menor dimensión frente a la marina.
El cultivo de moluscos, históricamente el motor de la acuicultura española, se ha convertido en el principal responsable del deterioro económico y laboral del último ejercicio. La caída del 27 por ciento en volumen no solo redujo los ingresos del sector, sino que tuvo un efecto inmediato en la mano de obra, con menos empleos vinculados al laboreo en bateas y al proceso de depuración y comercialización.

