El crecimiento del consumo de pescado y marisco no depende exclusivamente de que exista más oferta. Un estudio basado en datos de 124 países concluye que el aumento de la renta es el motor más estable de la demanda de productos del mar, aunque el peso del precio, el comercio y los cambios demográficos varía entre regiones.
Para el mercado europeo, el resultado más relevante es la sensibilidad negativa al precio. Lo que observan los investigadores es que cuando el producto se encarece, el consumo tiende a reducirse.
El efecto estimado por los investigadores no es elevado, pero confirma que la accesibilidad sigue siendo un elemento competitivo en una región madura, con consumidores que disponen de numerosas alternativas alimentarias.
Esta conclusión interesa especialmente a la acuicultura europea, cuya competitividad se enfrenta al aumento de los costes de energía, pienso, mano de obra, financiación y cumplimiento regulatorio.
Si esos costes se trasladan de forma sostenida al precio final, el sector puede encontrar más dificultades para ampliar el consumo, incluso cuando la demanda de proteína acuática mantenga una base sólida.
La lectura para los productores de especies mediterráneas, como lubina, dorada o corvina, no es necesariamente competir por ser el pescado más barato. El margen de actuación también pasa por reforzar la diferenciación, la regularidad de suministro, la conveniencia, la calidad y la confianza asociada al origen europeo.
Pero estos atributos deben aportar valor suficiente para compensar un diferencial de precio frente a productos importados u otras proteínas.
El trabajo apunta además a una diferencia estratégica entre mercados. En las economías con renta media-alta, el incremento de poder adquisitivo puede seguir impulsando la demanda de productos del mar; en Europa, en cambio, la cuestión no es sólo crecer, sino evitar que el pescado pierda presencia en la cesta de la compra cuando aumenta la presión sobre el presupuesto doméstico.
Por consiguiente, producir más no garantiza por sí solo vender más; para consolidar el consumo europeo, la acuicultura deberá combinar eficiencia de costes con una propuesta de valor clara para el consumidor.

