Investigadores del Instituto de Investigaciones Marinas (IIM-CSIC), con participación de la Universidade de Vigo y Pescanova Biomarine Center, han aportado evidencia de que una parte importante de la predisposición del rodaballo a desarrollar anomalías de pigmentación es heredable, lo que abre la posibilidad de actuar sobre este problema mediante selección genética. El trabajo aporta así una nueva vía para abordar un defecto que hasta ahora se había tratado principalmente desde las condiciones de cultivo durante las primeras fases de desarrollo.
El estudio, publicado en Aquaculture, no descarta la influencia de factores como la alimentación durante el desarrollo larvario, alteraciones endocrinas, intensidad de la iluminación, color del fondo o sustrato. Lo que añade es evidencia de un componente genético aditivo relevante, hasta ahora mucho menos caracterizado en rodaballo, y la identificación de regiones genómicas que podrían utilizarse para incorporar la pigmentación como un carácter más dentro de futuros programas de selección.
Las señales genéticas se distribuyen por diferentes cromosomas, aunque las regiones más extensas y consistentes se localizan en los cromosomas 5 y 15.
El análisis funcional encontró genes candidatos relacionados con la pigmentación, diferenciación de melanocitos, desarrollo de la cresta neural y diferentes vías de señalización.
Entre ellos aparecen slc24a5, bloc1s6 y tjp1a en el cromosoma 5, mientras que el cromosoma 15 concentra candidatos relacionados principalmente con desarrollo, visión y organización del citoesqueleto.
Desde el punto de vista de su aplicación, los resultados refuerzan la posibilidad de utilizar estas regiones en estrategias de selección asistida por marcadores o selección genómica.
Esto permitiría añadir una herramienta genética a las medidas de manejo utilizadas durante las fases sensibles del desarrollo, seleccionando reproductores con una menor predisposición a transmitir el carácter a su descendencia. El estudio, por tanto, no plantea sustituir el control de los factores ambientales, sino complementarlo con información genética.
La relevancia productiva está en que estas anomalías pueden superar el 60–70% de los juveniles bajo determinadas condiciones intensivas de criadero. Los defectos se manifiestan principalmente como pseudoalbinismo —pérdida de pigmentación en el lado ocular— e hiperpigmentación del lado ciego y pueden reducir la uniformidad y el valor comercial del pescado.
La cuestión adquiere especial importancia para la acuicultura europea: el estudio sitúa la producción continental de rodaballo en unas 10.000–12.000 toneladas anuales, de las que España aportó alrededor de 9.600 toneladas en 2023, principalmente desde Galicia.
El trabajo, sin embargo, no demuestra todavía cuánto podría reducirse la incidencia de malpigmentación en una población comercial sometida a selección, ni elimina la influencia de los factores ambientales.
Los resultados proporcionan un marco genómico para incorporar este carácter a futuros programas de mejora selectiva, pero será necesario comprobar la capacidad predictiva de los marcadores en otras poblaciones y generaciones antes de determinar su impacto productivo y económico en condiciones comerciales.
Sobre el hallazgo y los resultados del estudio
El estudio partió de 785 juveniles de cinco meses pertenecientes a diez familias, procedentes de Pescanova Biomarine Center. Tras los controles de calidad, el análisis genómico se realizó sobre 775 ejemplares.
Los investigadores combinaron un chip de baja densidad con la resecuenciación completa de 19 reproductores, lo que permitió pasar de 4.085 marcadores SNP después del filtrado a un conjunto imputado de 1.680.730 SNP, con una precisión de imputación de 0,91.
La heredabilidad del carácter resultó moderada-alta. Para el porcentaje de malpigmentación fue de 0,48 con el panel de baja densidad y de 0,39 con los datos imputados.
Al clasificar los peces simplemente como normales o malpigmentados, las estimaciones fueron de 0,49 y 0,45, respectivamente. Cuando estas últimas se trasladaron a una escala de predisposición genética considerando prevalencias del 30% y 60%, la heredabilidad se situó entre 0,65 y 0,75.
La mayor densidad genómica permitió además pasar de solo dos señales significativas con el chip de baja densidad a 295 SNP agrupados en 25 regiones genómicas cuando se cuantificó la extensión de la malpigmentación.
Los investigadores identificaron 361 genes dentro de esas regiones y comprobaron que los 295 SNP significativos explicaban más del 90% de la varianza genética capturada por el conjunto completo de marcadores imputados. Los mayores bloques de asociación se localizaron en los cromosomas 5 y 15.
Fuente científica: Costas-Imbernón, D. et al. (2027). Genetic architecture and genomic regions associated with malpigmentation in farmed turbot (Scophthalmus maximus). Aquaculture, 626, 744393. DOI: 10.1016/j.aquaculture.2026.744393. Publicado online el 22 de julio de 2026.

