Bergen (Noruega) 23/10/2017 – Las toxinas producidas por el moho en los alimentos, micotoxinas, son un problema creciente y bien conocido en alimentación animal terrestre y en humanos. Con la inclusión cada vez mayor de ingredientes vegetales terrestres en los piensos de acuicultura, el problema podría estar trasladándose también hacia la alimentación piscícola, con consecuencias poco estudiadas y conocidas, tanto para la salud de los peces como para los humanos.
Esta mayor presencia del moho en la ganadería animal terrestre se produce por los efectos del cambio climático que, en determinadas latitudes, está calentando y humedeciendo el ambiente.
La tolerancia a estas micotoxinas difiere de unas especies a otras. En salmónidos, se sabe que la trucha arcoíris es especialmente sensible a estas toxinas, lo que hace pensar que podría representar un problema para el salmón Atlántico (Salmo salar), aunque posibles efectos adversos deben ser estudiados en profundidad.
Expertos noruegos de NIFES que realizan una monitorización de los piensos han descubierto una mayor presencia del moho en el alimento para peces, aunque todavía en niveles por debajo de lo recomendado. Sin embargo, advierten que existen “nuevas toxinas” que necesitan un estudio en mayor profundidad ya que no todas las micotoxinas tienen origen vegetal.
También se ha descubierto que hay micotoxinas solubles en grasas que podrían tener capacidad bioacumulativa en los tejidos adiposos.
Actualmente hay establecido un límite máximo para el contenido de la micotoxina aflatoxina en los piensos, y la Unión Europea ha hecho recomendaciones para cinco otros grupos de micotoxinas que data de 2013, aunque los expertos advierten que con el conocimiento actual, y teniendo en cuenta que las recomendaciones para peces están basadas en estudios realizados en animales terrestres y no para peces como el salmón, son necesarios nuevos estudios, y quizá establecer nuevos límites.

