OPINIÓN

Llegó el momento de introducir el debate en Europa sobre la necesidad de materias primas OGM para los piensos

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Europa ha vivido estos últimos años de espalda al consenso científico general de que los organismos modificados genéticamente (OGM) son seguros para consumir y que pueden tener beneficios en términos de mejora de los rendimientos de los cultivos y para reducir el uso de pesticidas, entre otras cuestiones. Mientras, otros países como Estados Unidos, Canadá o Brasil con regulaciones basadas en la evaluación de riesgos a través de estudios científicos terminan produciendo y vendiéndonos el maíz, la soja o la colza OGM producida en sus campos para nuestra ganadería terrestre.

Hasta ahora, la piscicultura ha podido mantener, no sin muchas dificultades en Europa, la capacidad para operar con piensos producidos sin ingredientes OGMs. Pero, la disponibilidad, los precios en crecimiento continúo de las materias primas debido a la baja disponibilidad y  demanda en países terceros, están haciendo casi imposible cubrir con los precios de venta los costes. 

Si queremos tener un sector atractivo, tendremos que hacer una revisión de esta cuestión. De lo contrario, nuestra dependencia a la producción en terceros países será cada vez mayor.

La decisión de no utilizar materias primas OGM en los piensos es una combinación de factores que incluyen la preferencia de los consumidores y el enfoque que los diferentes actores de la cadena de suministro de alimentos han dado a esta circunstancia. Y por qué no decirlo, gran parte de la culpa la tienen las cadenas minoristas que, en una actitud hipócrita y meramente de “greenwashing”, donde permiten la alimentación ganadera terrestre con estas materias primas, mientras que vetan el uso en piensos para acuicultura.

Unos de los países más críticos y cautelosos con el uso de los OGM ha sido hasta ahora Noruega. Sus ciudadanos comparten en gran medida la percepción de que el uso de estos ingredientes beneficia principalmente a las empresas y no a los consumidores o al medio ambiente. Pero, como la vida es una carrera de obstáculos de larga distancia, la escasez de fuentes convencionales de aceites ricos en omega-3 está poniendo contra la pared a una de las industrias más simbólicas de este país, la salmonicultura. Al menos, de cara el medio y largo plazo.

Ahora lo que toca es cambiar la opinión del público noruego y europeo sobre los beneficios asociados a estos ingredientes OGM y abrir el debate en la sociedad sobre este uso. A partir de ahí se podrán construir políticas públicas que tengan en cuenta la amplia gama de perspectivas y las preocupaciones de los consumidores.

Un proceso que, ni es fácil ni es rápido, y que requiere de la combinación de múltiples factores, como la educación del consumidor, la influencia de la industria, la disponibilidad de opciones alternativas y los cambios en las políticas gubernamentales.

Además, es importante tener en cuenta que las preferencias de consumo pueden variar entre diferentes grupos de consumidores y que no todos cambiarán sus preferencias al mismo ritmo.

En este camino ayudarán la comunidad científica y grandes dosis de comunicación clara de los beneficios a través de los medios de comunicación especializados y generalistas. Sobre todo, en un tema tan difícil de explicar de manera accesible y atractiva ya que se deben abordar aspectos como qué es la ingeniería genética y como permite producir alimentos sanos y seguros.

Quizá los ejemplos ayuden a cambiar la percepción de los consumidores europeos respecto a estos ingredientes. Por ejemplo, explicando y haciendo entender que el COVID-19 se ha vencido gracias al desarrollo de las vacunas ARNm producidas por Pfizer-BioNTech y Moderna, al igual que las AstraZeneca/Oxford y Johnson & Johnson que están basadas en los principios de la modificación genética.

O, por ejemplo, el caso del arroz dorado, el cual es una ayuda importante gracias a sus potenciales beneficios por sus altos aportes de vitamina A en poblaciones vulnerables, especialmente en países en desarrollo donde el arroz es un alimento básico.