Proteger las algas durante sus primeras etapas de vida no siempre las prepara adecuadamente para las condiciones que encontrarán en el mar. Una revisión publicada en Reviews in Aquaculture plantea que exponer los gametófitos y esporófitos jóvenes a un estrés controlado y no letal podría contribuir a preservar el crecimiento y la resiliencia de Saccharina japonica. La propuesta busca hacer frente a la degeneración del germoplasma, que se manifiesta en una menor productividad, resistencia a las enfermedades y tolerancia al estrés ambiental.
El problema resulta especialmente relevante en China, donde la producción de esta especie se basa en material genético introducido originalmente desde Japón y mejorado posteriormente mediante selección e hibridación. En 2023, el país produjo 1,779 millones de toneladas en peso seco sobre una superficie de 50.795 hectáreas.
Según los autores, el cultivo intensivo a partir de una base genética relativamente estrecha, la mezcla entre variedades y el empleo de poblaciones parentales reducidas pueden disminuir progresivamente la variabilidad adaptativa.
La genética podría no ser el único factor
Los sistemas actuales de criadero producen las plántulas durante el verano en agua de mar preenfriada, filtrada y desinfectada mediante radiación ultravioleta. De este modo, los gametófitos, gametos y esporófitos jóvenes quedan protegidos frente a muchas de las presiones presentes en el medio natural.
Aunque estas condiciones favorecen la supervivencia y simplifican la producción de semilla, la revisión plantea que también pueden reducir la competencia biológica y privar a las algas de una exposición previa a fluctuaciones de temperatura, cambios de salinidad, escasez de nutrientes o radiación intensa.
Los investigadores proponen por ello una estrategia de «selección más entrenamiento». La selección consistiría en evaluar con mayor intensidad los esporófitos parentales y las plántulas, ampliando el análisis más allá de características visibles como la longitud, anchura, color y grosor de la lámina para incorporar indicadores fisiológicos, moleculares y de calidad.
El entrenamiento expondría los gametófitos parentales o los esporófitos jóvenes a niveles moderados de calor, baja salinidad, limitación nutricional, radiación intensa u oscuridad antes de trasladarlos al mar.
Este acondicionamiento se basa en la capacidad de un organismo para responder con mayor eficacia a una presión después de haber experimentado previamente una versión menos intensa.
Estudios anteriores con plantas, fanerógamas marinas, microalgas y macroalgas indican que este tipo de preparación puede modificar las respuestas fisiológicas y epigenéticas. Los trabajos citados en la revisión también sugieren que el historial térmico de los gametófitos de kelp puede influir en la formación, supervivencia y tolerancia térmica de los esporófitos.
La estrategia no sustituye a la selección convencional, la hibridación o la introducción de nueva variabilidad genética. La revisión tampoco demuestra que las algas acondicionadas produzcan ya mayores rendimientos en explotaciones comerciales.
La intensidad del estrés, el tiempo de exposición, los periodos de recuperación, la duración de la respuesta y los costes de producción todavía deben determinarse para cada cepa y entorno de cultivo.
No obstante, incorporar un acondicionamiento controlado a los protocolos de criadero podría ofrecer a los productores una vía adicional para obtener semilla más resiliente mientras avanzan los programas de mejora genética a largo plazo.

