Factores demográficos como la edad, el género, la educación y el tamaño del hogar desempeñan un papel decisivo en el rendimiento y el desarrollo de la acuicultura a pequeña escala, según un nuevo estudio realizado en Chile.
El análisis se basó en datos secundarios recogidos a través del proyecto Actualización del diagnóstico socioeconómico de la acuicultura a pequeña escala en Chile, financiado por el Fondo de Investigación Pesquera y de Acuicultura (FIPA) en 2019.
La encuesta original abarcó a 187 personas que trabajaban en concesiones de acuicultura a pequeña escala en siete regiones de Chile: Atacama, Coquimbo, Ñuble, Biobío, La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos. Tras excluir los casos con valores incompletos, la muestra final comprendió 146 respuestas válidas. Cabe destacar que el 86% de los encuestados se concentraba en Los Lagos, mientras que el resto se distribuía entre las otras seis regiones.
El estudio también incorporó información a nivel organizativo de los centros acuícolas, incluidos datos de geolocalización.
Los resultados muestran que la edad influye en la forma en que los acuicultores afrontan la producción. Los productores más jóvenes tienden a adoptar prácticas innovadoras y a incorporar nuevas tecnologías, mientras que los de mayor edad suelen apoyarse más en métodos tradicionales.
Las diferencias de género también resultaron evidentes. Las mujeres participan activamente en el manejo poscosecha y la comercialización, pero siguen enfrentándose a barreras estructurales en el acceso a formación, recursos y oportunidades de toma de decisiones. El estudio subraya que mejorar la equidad de género podría reforzar la eficiencia global de los sistemas acuícolas.
La educación apareció como otro factor determinante. Los acuicultores con mayor nivel educativo eran más proclives a diversificar sus actividades, aplicar técnicas de producción sostenible y responder de manera positiva a los servicios de extensión. Por el contrario, una educación limitada restringía su capacidad de adaptación a los cambios del mercado y a las condiciones medioambientales.
El tamaño del hogar también influye en la disponibilidad de mano de obra y en las estrategias de gestión. Los hogares más numerosos suelen beneficiarse de una mayor aportación de trabajo familiar, aunque también pueden afrontar retos en la asignación de recursos y la distribución de ingresos.
El estudio reveló asimismo que la acuicultura no siempre constituye una ocupación a tiempo completo para las familias encuestadas. En muchos casos, se desarrolla en paralelo a otras actividades agrícolas o no agrícolas, funcionando como una fuente complementaria de ingresos que ayuda a diversificar los medios de vida.
Según los autores, “comprender las características demográficas es crucial para diseñar políticas que apoyen el desarrollo de la acuicultura y mejoren los medios de vida”. Argumentan que integrar estos factores en la planificación podría conducir a intervenciones más inclusivas, una mayor productividad y un refuerzo de la seguridad alimentaria en las comunidades rurales.
Los autores también destacan las persistentes desigualdades de género, señalando que las mujeres acuicultoras enfrentan mayores desafíos socioeconómicos y, por tanto, requieren políticas sensibles al género. Abogan por la diversificación de los productos acuícolas como vía para reducir la vulnerabilidad económica y proponen el desarrollo de un índice multidimensional de vulnerabilidad para clasificar y abordar los riesgos que afrontan los productores. Finalmente, recomiendan la adopción de políticas integradas que aborden tanto los desafíos individuales como los estructurales, con el objetivo de promover la sostenibilidad y la resiliencia en las comunidades costeras.
El estudio concluye que “los factores demográficos no deben pasarse por alto en el desarrollo de la acuicultura, ya que influyen directamente en la adopción de tecnologías, las prácticas de gestión y el éxito general de los hogares acuícolas”.

