Ante el cambio climático, la acuicultura será la mejor opción para seguir provisionándonos de pescado en nuestra alimentación futura. El sector acuícola tiene una alta capacidad de resiliencia y de adaptación a los cambios a través de la rápida incorporación de tecnología. Esto será posible siempre que se identifiquen claramente las amenazas y se tomen las medidas oportunas en el momento que sea necesario.
Es por tanto importante generar conocimiento sobre los efectos del cambio climático en las distintas especies cultivadas para prepararse a cada uno de ellos y a los desafíos que están por llegar en décadas venideras.
No todo lo relacionado con el cambio climático va a ser negativo para la acuicultura. En el caso de la piscicultura mediterránea las mayores temperaturas del agua esperadas permitirán un crecimiento más rápido de los peces y que estos alcancen la talla comercial en menor tiempo. Sin embargo, estas pequeñas diferencias de crecimiento a favor del granjero tendrán como contraparte los desafíos que se plantean en gran medida por los fenómenos meteorológicos extremos.
Se estima que estos fenómenos, en forma de tormentas serán más frecuentes e intensos en el futuro, pudiendo ocasionar pérdidas significativas en la biomasa. Uno de los sucesos más recientes fue el que aconteció con la DANA de enero de 2020 en la que se perdió gran parte de la producción de dorada y lubina en España. En los próximos años se estima que se darán más casos como estos.
Por eso, el sector de la piscicultura en el Mediterráneo debe ser capaz de prevenir las consecuencias que el cambio climático pueda tener en su desarrollo, y para ello, es necesario contar con un buen conjunto de datos climáticos y biológicos.
Si bien la temperatura y las olas de calor serán de los factores más importantes a tener en cuenta, también hay que considerar otros como los fenómenos algales, las enfermedades, y las limitaciones de oxígeno; y en menor medida en peces cultivados en viveros flotantes, los cambios en salinidad o la mayor concentración de CO2 (acidificación).
Si la temperatura es, a priori, el parámetro que mayor influencia tendrá en la piscicultura del Mediterránea, cabe preguntarse si no se deberán plantear estrategias que conduzcan a la mejora genética de las especies actualmente cultivadas hacia una mayor resistencia a este parámetro. Otra opción pasa por la diversificación de especies hacia aquellas de alta tolerancia a estos cambios y de rápido crecimiento como la corvina o la seriola.
Para evitar el impacto de las olas de calor, por ejemplo, se sugiere llevar las granjas mar adentro donde las condiciones oceánicas permanecen más estables. Por el contrario, cuanto más nos alejemos de la costa las condiciones de las tormentas serán más severas. Sin embargo, esta parece ser una condición más fácilmente salvable técnicamente que la de la temperatura.
Otra estrategia pasa por cambiar las fechas en las que los peces son transferidos de las instalaciones de preengorde a los viveros en el mar. Actualmente esta transferencia se realiza durante los meses de primavera y verano. Algunos expertos sugieren que en el futuro es posible que en algunos escenarios y para algunos tamaños de peces lo mejor sea hacerlo a finales de verano, en septiembre.
A nivel de comercialización, otros expertos proponen tener en cuenta los índices de conversión según la ubicación de la granja y el momento en el que pueden alcanzar la talla comercial, ya que la falta de planificación en conjunto hace que al final la mayor oferta se concentre en un momento determinado del año.
Como se ve, lo más importante es contar con modelos predictivos basados en datos biológicos y socioeconómicos que permitan al sector aprovecharse de las posibles oportunidades emergentes.

