Santander 05/02/2013 – El consumo en España de pescado y marisco ha tenido un comportamiento desigual aunque a la baja. ¿Qué hace para que los consumidores prefieran adquirir pescado fresco frente a congelado? A simple vista se podría pensar que en momentos de ajustes, los consumidores tendieran a adquirir productos congelados por tener un valor más estable; sin embargo, el pescado fresco mantuvo una buena posición en 2012.
Según los datos del MAGRAMA para el año móvil de diciembre de 2011 a noviembre de 2012, en España se consumieron 145.374 toneladas de pescado congelado, 3,9 por ciento menos. En valor, por su parte fueron 920 millones de euros, un 4,1 por ciento menos y 3,14 kilos por persona.
En contra, juega el precio nominal de los pescados congelados, que aunque se venden sin espinas y sin piel; de cara al consumidor son más caros que su equivalente entero fresco.
Por otra parte, influye el hecho de que la oferta de pescado fresco ha sido suficientemente abundante en volumen y competitiva en términos de precios.
Por ejemplo, la merluza fresca local, un producto tradicional en la cesta de la compra española está a precios muy competitivos. Lo mismo ocurre con el bacalao noruego. Y la previsión es que sigan al alza.
Así se explicaría por qué de pescado fresco se comercializaron 541.233 toneladas, un 0,7 por ciento menos; una caída menor que el valor que fue de 3.705 millones de euros, un 1,8 por ciento menos. En consumo per cápita representó 11,69 kilos.
En este caso, dos especies podrían estar detrás de esta tendencia. La merluza fresca local, una especie tradicional en la cesta de la compra española, que se ha comportado a precios muy competitivos, y el bacalao noruego, también apreciado, y que parece que se prevé vaya a seguir bajando.
Finalmente, las conservas se mantienen entre las preferencias de los consumidores, apoyados por precios competitivos y relativamente asequibles.

