EE.UU. 28/10/2016 - La genetista y científica sénior de Oceana, Kimberly Warner, es la autora de una investigación que ha salido recientemente a la luz y que pone en evidencia, de nuevo, el mal funcionamiento del control del fraude en el etiquetado de los productos pesqueros.
Según ha sido difundido por Oceana a través de su campaña “Stop Seafood Fraud”, una buena parte del salmón Atlántico etiquetado como “silvestre”, y por consiguiente vendido a mayor precio que el de piscifactoría en restaurantes y tiendas de alimentos, procede en realidad de granjas de salmón.
La investigación fue realizada por Warner en 82 muestras de salmón recogidas de estos establecimientos entre 2013 y 2014 y que dio como resultado que el 43 por ciento de las mismas eran fraudulentas hacia el consumidor.
Desde Oceana critican este tipo de desinformación al consumidor y advierten que mucho del salmón que ingresa en Estados Unidos lo hace a través de China, lugar hacia donde se realizan los envíos de salmón desde los centros de producción por ser más barato su procesado.

