Héctor Bouzo - SOLCAISUR /@misPeces
San Fernando 8/06/2017 – A las salinas de la Bahía de Cádiz se le podría cantar eso de “lo que un día fue no será” de José José, el principe de la canción. Y es que, con honrosas excepciones, estos espacios transformados por el hombre desde no se sabe cuando, llevan abandonados desde algo más de la mitad del siglo pasado. El último sistema de explotación medianamente rentable fueron las salinas, y más adelante, le sucedieron los esteros, y éstos, poco a poco han dejado paso a la nada.
La inmensa mayoría de las salinas de la Bahía de Cádiz llevan abandonadas desde antes de 1988, y, sobretodo, a partir de ese año cuando se promulgó la Ley de Costas y convirtió en concesionarios a los que antes habían sido propietarios.
Solo unos pocos siguen empeñados en darle una segunda vida, algo por lo que deverían ser bienvenidos. Algunos apuestan por la producción semi-intensiva de peces; otros, como Héctor Bouzo, de la empresa SOLCAISUR, y el protagonista de nuestra entrevista, buscan darle un enfoque moderno, en el que innovación, desarrollo e investigación se conjugan con el ocio, el turismo, el deporte y la actividad acuícola en las salinas Roqueta y Preciosa, a pocos kilómetros de Cádiz capital y en su mismo término municipal.
Parecería que ante tanto abandono, le habrá sido fácil encontrar una salina donde ubicar su proyecto multifuncional; sin embargo, no ha sido así. Como comenta Héctor Bouzo, han sido necesarios muchos meses de búsqueda de salinas que cumplieran con los requisitos del proyecto, y dar con una propiedad que estuviera dispuesta a venderla. Y es que, por si alguno es ajeno a la realidad que se vive en la provincia con más paro de Europa, la mayoría de estas salinas se encuentran en manos de propietarios foráneos, con poco o nulo interés por darle una segunda oportunidad (o una primera) tanto a las personas que aquí vivimos, como a estos espacios naturales que el hombre en su día transformó. Una situación que se ve favorecida por una Administración permisiva con este abandono.
En total son 40 hectáreas, de las cuales 33 son de dominio público marítimo y terrestre (DMPT) y 7 hectáreas de uso privado donde Héctor Bouzo realizará la parte más innovadora del proyecto, consistente en la puesta en valor de un prototipo de biorreactor para la producción de las microalgas chlorella y spirulina, dos de las especies más producidas en el mundo, y con un mercado ya creado para consumo humano.
Esta sería quizá la parte del proyecto que podría comenzar a andar antes, según lo previsto por el emprendedor en mayo del próximo año, una vez resuelta la compra de la sociedad que ostenta la propiedad de las salinas.
La parte de acuicultura extensiva, o de estero, se pondrá en marcha en la zona de Dominio Público, lo cual llevará más tiempo de tramitación, al igual que el resto de actividades dependientes de este tipo de autorización. Por delante aun queda un largo proceso de trámites, autorizaciones y pedagogía a políticos y funcionarios para que entiendan que es mejor dar un uso sostenible al entorno a través de las actividades económicas, que seguir olvidando este espacio por 30 años más.

